Mark Lanegan Band – Blues Funeral

Mark Lanegan Band – Blues Funeral
4AD, 2012
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Antes de poderlo escuchar o de que se publicara, creo que ya tenía pensado hacer una reseña de Blues Funeral. Luego me lo bajé y lo escuché varias veces. Más tarde tuve ocasión de ver su puesta en escena en la sala Capitol de Santiago y ese misma noche me hice con el disco original.  Y hasta el día de hoy le he dado largas a ese proyecto de reseña, escaqueándome, sintiendo pereza o sin ver como entrarle a la pequeña gran decepción que se guarda en su interior.

Desde el 2004 en que se publicó su anterior y magnífico Bubblegum, la espera se había hecho larga, rastreando cada año la intención del señor oscuro de sacar nuevo trabajo en solitario, saciando a medias el apetito con sus numerosas colaboraciones, desde Queens of the Stone Age, a Soulsavers, pasando por su colega Greg Dulli y los The Gutter TwinsIsobel CampbellUNKLECreatures with the Atom Brain o ese disco inédito en los 90 de los Screaming Trees, pero esos caramelos acababan sabiendo a poco imaginando su vuelta en solitario.

Llegó el día y gracias a las maravillas de la red, degustamos las creaciones del señor Lanegan, esta vez con su banda, antes incluso de que el disco se publicara y el plato me dejó un sabor bastante agridulce contra todo pronóstico. La primera escucha, llena de tensa expectación, me dejó con cara de no saber que pensar, de cierta incredulidad y un resquemor interior que me decía que algo fallaba, que había que escuchar el disco con más calma y la mente abierta.

No me cabía duda que Lanegan había cambiado algo de estilo, quizás influenciado por sus colaboraciones con UNKLE o Soulsavers y su inmersión en los mundos de la electrónica, lo que para mi, a priori, no significa nada malo ni algo que me produzca rechazo, porque veo normal que un músico tenga inquietudes, experimente o evolucione y no me repita toda la vida un Bubblegum o un Scraps at Midnight, discos que la gran mayoría de sus seguidores ya tenemos en nuestras estanterías, por otra parte.

El problema desde mi punto de vista es que, aunque hay buenas ideas, buenos temas, el traje electrónico que se ha puesto Lanegan no le queda bien o no se lo han hecho a su medida. Y cuando hablo de traje, me refiero a la producción del disco por parte del sastre Alain Johannes, también colega de Lanegan y miembro de Queens of the Stone Age, responsable de la grabación, producción y mezcla del disco.

No me gusta el trabajo del amigo Johannes y lo voy a argumentar. El mayor valor de Lanegan es, sin duda, su peculiar, poderosa e inconfundible voz y ese es un valor que cualquier seguidor del cantautor de Washington quiere que tenga un claro e indudable protagonismo en sus discos y que el productor se encargue de resaltarlo de darle brillo y prestancia, aunque el apartado instrumental quede en un cierto segundo plano. En mi opinión, ese trabajo no está bien resuelto y la impresión que me da escuchar a Lanegan en Blues Funeral, es que su voz se ha sometido a una base electrónica que le hace sonar apagado, monótono y sin chispa en la inmensa mayoría de los temas del disco. Lanegan canta al compás de unas máquinas que le restan protagonismo, no le dejan brillar y lo encorsetan en unos compases cansinos y maquinales, lejos de los cambios de ritmo que en otros discos se conseguían con una instrumentación más orgánica, más de toda la vida, más del blues y el rock que siempre han sido sus señas de identidad. En definitiva, no puedo estar de acuerdo con una producción que resta más que suma, que apaga más que da brillo.

Hay buenos temas, hay buenas ideas pero la mayoría mal resueltas. El disco empieza bien con The Gravedigger’s Song, un tema tenso, arisco y casi a contrapelo que me recuerda al Bubblegum y que había sido el adelanto antes de publicar el disco.

Mark Lanegan Band – The Gravedigger’s Song

En el segundo tema, Bleeding Muddy Water, la cosa ya empieza a torcerse y se evidencia el que hay buenas ideas pero no buenas resoluciones. El tema comienza con esa magia que sólo Lanegan sabe ponerle a las cosas simples cuando suenan en su voz, pero la cosa falla cuando, en vez de cerrarla con esa magia intacta, todo se alarga hasta unos siete minutos de letanía y consigue que al final no recuerdes dónde estaba esa magia.

Lo mismo se podría aplicar a Gray Goes Black, de buen estribillo y algo más chispeante dentro de los cansinos ritmos entre los que fluye y a la que le sobran un par de minutos. Me sigue dando la impresión de que Lanegan canta contenido, no se deja ir, suena demasiado manso y aplanado.

En St Louis Elegy sigue por el mismo camino, pero más pausado si cabe y en esta ocasión acompañado por su colega Greg Dulli en los coros, aunque casi de modo testimonial. Con algo más de ritmo y otro par de minutos de recorte estaría mejor, pero la realidad es que el compás monótono de la caja de ritmos apenas varía en todo el tema, las vocales le siguen el juego al monótono ritmo y se alarga hasta los cinco minutos.

Se abre un poco la ventana y entra algo de oxígeno con Riot in my House, donde pone las guitarras mi querido Josh Homme, con uno de los temas más rockeros y aún así, las cajas de ritmo la hacen parecer que va al ralentí o con el freno de mano puesto. De todas maneras, de lo mejor del disco y donde Lanegan parece algo más suelto, con algo más de chispa y alzando algo la voz, aunque sin pasarse, claro, no vaya a ser que el amigo Johannes se mosquée por ese afán de protagonismo. Lo seguro es que no la colocaría ni entre mis cincuenta canciones favoritas de Lanegan.

Llegamos a uno de los temas que seguro creará más polémica, Ode to Sad Disco, que se supone que tiene, como su nombre indica, un ritmo discotequero. No sé que os parecerá, pero a mi el compás de las cajas de ritmo no me disloca la cadera precisamente, quizás estuviera bien para una disco de la tercera edad o club de jubilados, pero no me lo imagino para romper en una pista de baile de toda la vida, a no ser que queramos sedar y poner a dormir al personal. A mi el tema, si me lo ponen al final del disco y no se va hasta los siete minutos igual me hubiera hecho gracia, pero tal como está no le pillo la gracia por ningún lado. Además de mediocre, casi me parece en ocasiones algo ridículo. Quién me lo iba a decir a mi, hablando de mi adorado Lanegan.

Phantasmagoria Blues podría ser una pequeña joya; de nuevo, esa facilidad de Lanegan para hacer grande una melodía simple, pero ya está Johannes ahí para quitarle la mitad de la gracia que tendría con una simple guitarra acústica.

Y llegamos a quizás mi favorita del disco, Quiver Syndrome, que además en directo suena de lujo. Esta vez, Lanegan se suelta la melena y vuelve a alzar su poderosa voz para decirnos que sí, que está ahí, aunque hasta ahora nos parecía una mala copia o que cantaba un impostor. Poderosos ritmos rockeros, coros gancheros y a mover la cabeza. Lo echábamos de menos.

Harborview Hospital es un extraño tema, también dominado por la electrónica, pero esta vez no resulta tan mortecina y aporta un cierto dinamismo y aura etérea de melancolía que con las escuchas me ha ido convenciendo y no me acaba pareciendo una larga y plúmbea letanía como la mayoría.

A partir de ahí, el tramo final cae en picado con la aburrida Leviathan y la interminable nadería de Tiny Grain Of Truth, salvando sólo la lenta y triste Deep Black Vanishing Train, quizás porque me suena al Lanegan de antes, sin ese traje electrónico y con eso ya me vale a estas alturas.

En definitiva, casi ocho años de espera son muchos años y el reencuentro con uno de mis vocalistas favoritos no ha sido de final feliz, camuflado bajo un traje que me deja a duras penas reconocerlo, aunque debo añadir que la mayoría de los temas ganan varios puntos en directo, sonando con más garra y fuerza y dejando protagonismo a la poderosa voz del señor oscuro, cuando a los técnicos de sonido les sale de los huevos, lo que ha conseguido que ya no mire el disco con tan malos ojos. Ya decía mi sabia abuela que no se consuela el que no quiere. Me consuela pensar que es un disco regulero después de sus anteriores seis trabajos impecables y me consuela pensar que, después de dar la patada a Johannes, el próximo será la hostia.

Nos vemos.

Publicado en Desconcierto.

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