ZZ Top – Tres Hombres

ZZ Top – Tres Hombres.
London Records, 1973
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Seguimos echando una mirada hacia atrás buscando esas joyas que nos apetece compartir, rebuscando entre las telarañas; el otro día, como tantas otras veces, desempolvé un poco la casi olvidada colección de vinilos y mi vista se posó en éste. Desde el primer surco me dejé envolver por la nostalgia, el placer de recordar cuando lo descubrí y me enamoré de sus añejos sonidos, embargándome de tantas sensaciones difíciles de explicar, por lo personales e intransferibles y seguro que casi todos atesoramos con algún disco, melodía o canción. Nostalgia, alegría, energía, cariño, deleite, virtuosismo, sencillez, honestidad y tantas y tantas palabras que me sugiere, aunque sé que no conseguiré plasmar con meras palabras toda esa montaña de sensaciones, recuerdos y sentimientos que se agolpaban en mi cabeza mientras la aguja lo recorría.

El disco en cuestión es el Tres Hombres de ZZ Top, tercer disco de los tres geniales barbudos, originarios de Texas, también conocidos como The Little Ol’ Band from Texas y por haber rechazado una oferta de Gillette de un millón de dólares por raparse sus extensos capilares, según reza la leyenda, en un momento en el que sus barbas todavía estaban en fase de expansión para convertirse en unas de las más famosas del mundo musical.

Tres hombres solos, ni cuatro ni cinco, pues con ese número les llega para entregar unos de los mejores álbumes de blues rock de la historia y para dotarle de la suficiente fuerza, energía, virtuosismo y pegada de toda una orquesta, mezclando sonido del desierto sureño, los autos, la cerveza, las motos y las chicas, con el blues, el rock, el boogie-boogie y el hard rock de una manera magistral, sonando rústicos pero virtuosos, sencillos pero honestos, agrestes pero cautivadores, rockeando sobre duras guitarras unas veces y planeando con blues nostálgicos otras, nos dejan diez cortes sin ningún desperdicio, ásperos y rugosos o sofisticados y sensibles, endiablados o juguetones.

La tripleta está compuesta todavía por los mismos componentes, después de 40 años, lo que no es decir poco; una guitarra entre las mejores en este estilo, en manos de Billy Gibbons, figura indiscutible del grupo y que impregna todo el recorrido del disco de su sabiduría, maestría y personal forma de tocar las seis cuerdas, todos y cada uno de sus riffs, todos y cada uno de sus solos son dignos de escuchar con detenimiento, dotados de un sentimiento o feeling que sólo está al alcance de los elegidos y además llevando la voz cantante también con ese peculiar y arrastrado estilo texano; le acompañan en este largo viaje de 40 años, el bajista y a veces vocalista Dusty Hill y el batería Frank Beard, dotando al disco de una potente y marcada sección rítmica de sonido gordo y grave en los bajos, que para mi es una de las mejores alegrías para el oído, quizás debida a la mano de su otro fiel acompañante en este largo viaje, el productor y a veces también compositor Bill Ham.

El disco abre el fuego con Waiting For The Bus, un blues rock arrastrado con guitarras y armónicas, olor a gasolina y con ese bajo grueso que será una constante machacando desde la sección rítmica, mientras Gibbons deja libre su manos por las cuerdas de la Stratocaster. Este tema enlaza sin pausa con un blues más sosegado en Jesus Just Left Chicago, con sabor a Missisipi y un tempo muy marcado otra vez por el bajo.

A continuación nos regalan uno de los temas mas rockeros y movidos del disco y de mis favoritos, la arrolladora Beer Drinkers & Hell Raisers, sintonía perfecta para un desfile de moteros sobre Harleys, calaveras y cuero negro o una carrera de coches yankees de gran cilindrada por el desierto y donde el bajista Hill canta a dúo con Gibbons en medio de una explosión de riffs, solos, bajos y batería desbocados y galopantes.

Vuelve la calma con un tema sinuoso y de vocales sentidas como Master Of Sparks donde se muestran más pulcros, cadenciosos y algo más oscuros, para dejar paso a una balada de toque soul negroide, titulada Hot, Blue And Righteous, bajando un poco el pistón para recuperar el fuelle y volver a apretar el acelerador en una stoniana composición en los acordes y coros titulada Move Me On Down The Line.

La sigue otra de mis favoritas, Precious And Grace, donde se acercan al hard rock de estructura pesada y potentes guitarras y sección rítmica, quizás el tema más duro del disco.

Y llegamos a la joya de la corona y el tema sin duda más famoso del disco y casi seguro que de su larga carrera, La Grange, que quizás no os suene de nombre, pero os aseguro que alguna vez habréis escuchado los palos de la batería iniciando el compás, la voz de Gibbons imitando y haciendo un homenaje a John Lee Hooker en el comienzo y un riff de guitarra que escuchasteis en mil anuncios y en alguna banda sonora, un sólo acorde con la suficiente maestría y fuerza para hacernos mover la cabeza al compás, el riff rockero por excelencia y otra vez la mano de Gibbons deslizándose por el mástil con una elegancia, expresividad y maestría incendiaria que pone los pelos de punta, dejando uno de esos temas que escucharía una y mil veces sin cansarme.

ZZ Top – La Grange

Para cerrar el disco, nos encontramos con la cadenciosa, reposada y juguetona Sheik, muy sureña pero a la vez sofisticada y un profundo y oscuro blues gospel titulado Have You Heard?, que nos deja un cierto aire místico y de coro de iglesia sureña a lo largo de su recorrido hasta que la aguja llega al final.

Un trabajo consistente que no olvida las raíces, pero que daba también bienvenida a la modernidad en aquellos años. Son Tres Hombres, incansables viajeros en la ruta interminable del blues y el rock and roll, firmando un disco que no puede ser denominado de otra forma que clásico entre los clásicos y una de las niñas de mis ojos, sin lugar a dudas. Mirando atrás me he topado otra vez con él y lo he traído a esta sección, quizás con la íntima esperanza de que alguien los descubra, redescubra o le de una oportunidad a los entrañables barbudos. Ya nunca podré volver atrás en el tiempo pero conservo como preciados tesoros los envases que me traen aquellos aromas del pasado nada más abrirlos, recuerdos añejos, que no viejos, pues siguen palpitando con fuerza.

Nos vemos.

Publicado en Desconcierto.

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