Ya ves, yo fui un poligonero

No, a pesar de la foto de entrada no va a ser una reseña de música de los Ilegales, hola, mamoncete, qué haces por aquí, que además tampoco han sido demasiado mi rollo y ya no creo que lo sean nunca a estas alturas del partido.

El caso es que mi pareja me ha mandado un enlace a un vídeo que me ha echo gracia. Lo normal es que lo hubiera zapateado a la papelera sin verlo, al instante, como suelo hacer con toda esa mierda de powerpoints, correos en cadena, fotitos graciosas, enlaces graciosetes y toda esa brozallada que te suelen mandar pareja, colegas y hermanos incluídos a todas horas, si no fuera que me ponía en el asunto “Coya” y un escueto “mira el vídeo, está gracioso”. Ostias, Coya?, me pregunté. Qué cojones me manda esta niña? Pues ya me había pillado, me picaba la curiosidad y tuve que reconocer que podía más esa curiosidad que el ansia de tirar el enlace a la mierda. Ahí os lo dejo por si queréis ver el vídeo con el que descubrí que un día fui un auténtico poligonero. Si es que todo está ya inventado:

La verdad es que el vídeo me ha encantado, me he echado unas risas, me he identificado con lugares, cosas, sitios, calles, aceras de mi tierna y dulce adolescencia ochentera. Seguramente, a vosotros no os dirán nada las historias del abuelete y el que me da la impresión de que es su hijo cuando hacen la narración, aunque tiene su gracia de por sí, pero yo he patrullado ese polígono de Coya con mis colegas o la “basca” como solíamos decir, muchas veces, lo conocía como la palma de mi mano, a sus gentes de mal vivir, entre los que seguramente se me podría incluir, su gitanada, sus chorimanguis, sus makinavajas, sus yonkys, su macarrada y allí acudíamos unas veces para conseguir substancias ilegales, otras para conseguir o vender objetos o prendas de dudosa procedencia, por decirlo de alguna manera, a veces para vernos enzarzados en peleas o “bullas”, donde por una palabra más alta que otra aparecía una navaja, unos chacos o un estilete, siempre con la adrenalina al 200% por sus calles y callejones, cazador o cazado, dependía del día. Aquella zona tenía mucho peligro y al pasar los años me doy cuenta de lo inconsciente que era y cuantos de aquellos colegas de barrio se quedaron en el camino, pero también de lo bien que me lo pasaba, como disfrutaba de esa adicción al vértigo, a jugar a eso del vive rápido, muere joven que tan bonito sonaba o viéndolo ahora con cierta perspectiva, a jugártela haciendo el gilipollas por ver quién era el más gilipollas del barrio y alrededores y acabar haciendo algo de lo que te acabaras arrepintiendo media vida. Las cosas que tiene el no comerse ni los mocos pero ir por ahí pensando que eres un monstruo o eso que llaman adolescencia. Una época difícil aquella, no sólo en Coya, donde con sólo nombrar en cualquier lado la calle Marín ya te miraban con respeto o miedo, sino en otros barrios de mala fama en mi zona, como eran la Espedrigada o Balaidos, sí, donde juega el Celta y en otras zonas más alejadas, como la Fenosa o Wichita, ciudad sin ley, allá por la zona de Travesía o La Guía.

La verdad, es que, estrictamente no vivía en el polígono de Coya o Coia en galego, sino en el barrio de al lado, Castrelos y era nativo del de Santo Tomé, allí al lado también, pero ya se sabe eso de que la cabra tira al monte y a nosotros nos tiraba Coya, la emoción, lo ilegal, el peligro, el desenfreno y qué se yo, éramos jóvenes y el cerebro todavía no funcionaba a pleno rendimiento, ofuscado por testosterona, por feromonas, por sicotrópicos, anfetas y cualquier cosa que hubiera que probar para demostrar lo gallito que eras. También hay que decir que ya todo eso es parte del pasado, como ya dicen en el vídeo y muchos de los problemas de delincuencia y drogas los arreglaron los vecinos a ostia limpia a discreción, porque hasta la policia se olvidaba de pasar por allí o no les parecía demasiado buena idea.

Por cierto, ahora que lo recuerdo, este barrio de mi pueblo también aparece en la película Los lunes al sol, que fue filmada en Vigo. Los problemas del sector naval, de la famosa reconversión en aquella época que narra la película tienen mucho que ver con el por qué de la mafia que había en Coya. Concretamente y si la habéis visto, es donde vive el amigo alcohólico de Santa, el personaje de Bardem, al que acompaña a su casa cuando está borracho perdido. También recuerdo que me crucé en un semáforo en Sanjurjo Badía mientras la rodaban con León de Aranoa, el director y Luis Tosar, pero no reconocí al barbudo gordo que los acompañaba. Luego, cuando vi la película me di cuenta de que era Javier Bardem, me cago en la puta, con lo que me gusta como actor. No he pedido un autógrafo en mi vida, pero igual me lo hubiera pensado, joder. Película muy recomendable, por cierto.

En fin, un poligonero afortunado porque me sonrió la suerte, supe cambiar el camino, sigo entero, puedo contarlo y la cabeza todavía me rige más o menos.

Nos vemos.

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