AC/DC – Highway to Hell

AC/DC – Highway to Hell
Atlantic Records,1979
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Como ando un poco liado últimamente, voy a tirar de hemeroteca con toda la cara y os voy a clavar una vieja y querida reseña, ligeramente retocada y remozada, que escribí cuando militaba aguerrido y orgulloso en el foro de una web que se llama Muzikalia. Y digo querida porque la escribí con mucho cariño, con sentimiento que se dice, enardecido por los recuerdos y por el significado del disco. Además, la reseña gustó bastante, aunque suene a falta de modestia, quizás porque me dejé llevar por el corazón más que por la cabeza, por los recuerdos más que por los fríos datos y acabé soltando un rollo o un churro que puede hasta resultar original por lo espontáneo de ese cariño. Ahí os la dejo, érase una vez la historia de uno de los discos de mi vida, mi favorito durante muchos años. Espero que consiga transmitir algo de lo que para mi significa. Sería mucho:
………………………….

Mi disco de siempre, de tanto y tanto tiempo, de aquellos maravillosos años, el grupo que me sentaba tan bien como mis viejos vaqueros favoritos, el que más he quemado y el que creo que me acompañará hasta donde yo llegue entre mis elegidos. Sí, conmigo me lo llevaría a esa isla desierta de la eterna pregunta.

Para mi, así tiene que sonar una sección rítmica, con un bajo y una batería simples pero musculosos, una guitarra rítmica que suena única aunque muchos la intentaran imitar. Una sección rítmica formada por el hermanito Malcom Young en esa magistral guitarra de acompañamiento y a los coros, Cliff Williams, coros y bajo y Phil Rudd a la batería, siempre como en la portada del disco, en un discreto pero metronómico y contundente segundo plano. Así tiene que ser el guitarra solista, con una mueca desafiante en esa portada, un diablo vestido de mítico colegial, divertido, epiléptico, desenfrenado, virtuoso y loco como Angus Young, capaz del solo más rockero, el más divertido boogie y el más blusero. Y para mi, así tenía que ser mi ídolo de juventud, si alguna vez tuve alguno, compartiendo protagonismo en portada con el diabólico colegial, mi querido Bon Scott, el cantante, showman, genio y figura, con esa eterna sonrisa irónica, fanfarrón, juerguista, alcohólico, drogota, pendenciero, ex-presidiario y con una voz que sale de los hígados, para incendiar el escenario, cero coma cero en pose, ciento por ciento en actitud.

De mi grupo favorito durante muchísimos años, mi disco favorito, el Highway To Hell, el último disco de Bon Scott, el que aún saco de la funda y coloco en el tocadiscos alguna mañana que necesito ánimos o gasolina. Esos surcos me hablan, me recuerdan, los caminos de un chaval de los 16 a los 20 años, hijo de padres separados, alto, desgarbado y de larga melena mal peinada, enfundado en una eterna camiseta negra, unos vaqueros Wrangler bien gastados y que se cosía el mismo, unos botines John Smith o Converse de loneta bien sucios y usados y una cazadora de moto Garibaldi de color negro, tan de moda en esa época, por lo menos en mi pueblo y que le costó descargarse muchos camiones de fruta y pescado porque eran caras de cojones. Un chaval algo desorientado, de carácter vivo por no decir pelín violento, que no temía al futuro ni pensaba mucho en él, andaba al día, que sólo quería beberse y fumarse todo lo que se cruzara en su camino, adicto a la sensación de peligro y la palabra prohibido y que frecuentaba gente mayor, de esas que en casa suelen llamar malas compañías, aunque él pensara que eran las mejores. Esas malas compañías, que algunas sí lo eran todo hay que decirlo y algo de razón llevaban en casa, tenían sin embargo bastante buen gusto musical a mi entender y es de lo poco bueno que sacó en limpio ese chaval, el amor por esa música, por aquellos clásicos del rock que sonaban a todas horas y donde AC/DC encajaban como ponerte un guante de seda. No todo fue malo y pecado.

Recuerdo perfectamente la primera vez que los escuché. Tendría 14 o 15 añitos, estaba en mi habitación haciendo láminas de dibujo, láminas de recuperación de prácticas para septiembre de 1º de FPI, delineación de la construcción, porque como se me daba bien el dibujo artístico, era la mejor profesión, la que más se le adapta, le dijeron a mi querida madre cuando acabé la EGB. Manda cojones, que ostias querían algunos. En esas estaba cuando me puse una cinta de 90′, una TDK de aquellas, que me había pasado un compañero algo hippy de mi curso, con los típicos Creedence, Pink Floyd, Police, Status Quo, Queen, Genesis, etc…. y en medio empezó a sonar el Whole Lotta Rosie y me me fui quedando paralizado mientras escuchaba ese tema. Rebobiné la cinta varias veces y busqué el nombre de aquel grupo. Ostias!!!, como me gustaba esa mierda, quiero más. Eso que llaman amor a primera escucha, a segunda y luego para siempre.

Mucha gente conoce la canción que abre con el mismo título que el disco, Highway to Hell, con ese riff que es una de las señas del estilo del grupo y esos coros en el estribillo, que se pegan como una lapa.

AC/DC – Highway to Hell

Pero el disco no se acaba ahí, no señor, sino que acaba de empezar y a la vuelta de la esquina nos espera la alegría marchosa de Girls Got Rhythm, el coro cazalloso de Walk All Over You, la cachonda y pegadiza Touch Too Much y la enloquecida y restallante Beating Around The Bush cerrando en la cara A del disco. Y sin embargo, quizás me gusta todavía más la cara B, que se abre con una ganchera Shot Down In Flames, sigue con quizás la más floja del disco para mi gusto, Get It Hot, dentro del altísimo nivel, para acabar desembocando a mi trío favorito con la descarnada e incendiaria If You Want Blood (You’ve Got It), que ya lo dice todo en el título, la ganchera y amable Love Hungry Man y mi favorita, el arrastrado y sentido boogie-blues de Night Prowler que nos deja una magistral interpretación de Scott antes de despedirse para siempre de este mundo.

AC/DC – If You Want Blood (You’ve Got It)

AC/DC – Night Prowler

Un tremendo disco de rock, señores, sobre el que han llovido muchos años, pero sigue consiguiendo electrizarme de la cabeza a los pies. También recuerdo que al poco de tener el vinilo del Highway To Hell, me enteré de que mi ídolo, aquel que me ponía a 200 por hora desde los surcos del disco, que tan vivo y con tanta energía sentía cantar, que tanta sensación de vida me transmitía, llevaba más de tres años muerto. Al llegar a casa, puse el disco en el plato, como en tantas ocasiones, con la diferencia de que esa vez, bastante tiempo después de que dejara de sonar la última canción, Night Prowler, aún seguía intentando tragarme el puto nudo que tenía en la garganta. No, joder!!!, querido Bon, como es posible que ya te hayas ido caminando por la autopista hacia el infierno y yo no me haya enterado hasta ahora, tío?

Para mi, se fue el alma del grupo, con el permiso de Angus. Justo con su mejor disco, viniendo en una trayectoria imparable, quizás fue mejor así, como nacen los mitos, no? Nada fue ya lo mismo, sino otra cosa. Siguieron siendo grandes, las comparaciones siempre suelen ser odiosas o por lo menos injustas, pero yo me bajé de su viaje tres o cuatro paradas después de pasar la autopista hacia el infierno.

Nos vemos.

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