Canciones de Pachi (XIII)

Llegamos a la nº 13. Qué si soy supersticioso? Depende del día pero tirando a que no. Y como no voy a saltarme el número ni de coña, hay una canción que tendrá el dudoso honor. De todas maneras, tampoco es martes aunque tal como me ha ido el día pareciera serlo. Pero esa ya es otra historia.

La canción de hoy también tiene su historia o historieta, aunque a decir verdad, debería ser el disco completo el que tuviera el honor de figurar en los créditos pues los recuerdos no se ciñen a una única canción en este caso. Pero tenía que escoger una y ya está, cualquiera valdría, o sea que me he decidido por una de las más conocidas y que además ha sonado en otras ocasiones que también me traen sensaciones agradables. La he escuchado muchas veces, muchas veces porque he querido, muchas más veces sin quererlo pero nunca me ha perdido su magia como le ha pasado a muchas otras de esas pobres que suenan una y otra vez en ese puto hilo musical del trabajo hasta que te revuelven el estómago cuando las escuchas. Esta aguantó el paso del tiempo y el ser carne de engendros como la puta M80 y radios parecidas, que siempre he imaginado que sólo graban un deuvedé para todo el año y lo ponen en modo bucle, again and again and again and again. Cuanto tiempo he dedicado en los diversos puestos de trabajo en los que los he sufrido a pensar en la manera más dolorosa de metérselo por alguno de sus orificios corporales, sobre todo por uno que no creo que haga falta que descubra. Bastante tiempo, seguro. Pensamientos sicópatas de un organismo sensible y alterado por la lenta y segura tortura que te espera día sí y día también. Hay gente que ni se entera pero no es mi caso. Creo que se nota, no?

A lo que iba, que se me va la pinza. El caso es que siempre que lo escucho me viene a la mente una soleada mañana de primavera ya hace bastantes años en la zona vieja de Santiago de Compostela. Por allí caminaba haciendo tiempo para que llegara la hora de visitas en el hospital de Conxo, creo que se llamaba, donde estaba internada mi madre convaleciente de una operación de cadera. Mi hermano pequeño pasaba con ella de lunes a viernes y yo le daba el relevo el fin de semana o algo asín, o sea que calculo que sería un viernes o un sábado. La cosa duro casi un mes, muy divertido pasarse el fin de semana en el hospital y tal, ya imagináis. Bajaba de la plaza de Cervantes por Casas Reais sin un rumbo muy claro, callejeando, cuando empecé a escuchar música a buen volumen, que además me sonaba mucho y me fui parando mientras intentaba adivinar de dónde venía. Mirando a lo alto lo descubrí, en una preciosa casa de piedra, en su segundo o tercer piso, no recuerdo bien, detrás de una gran balconada se veían unos ventanales abiertos de par en par y de ellos salía fuerte y claro el inicio de Shine On You Crazy Diamond. Debía de ser un equipo de la ostia y a un buen volumen para que se escuchara tan de puta madre desde la calle o que la situación, en una especie de pequeña placita, favorecía la acústica o yo que cojones sé. Lo que sí sé es que sonaba aquello acojonante, amiguetes. Joder, me quedé un momento parado y enseguida busqué un sitio para sentarme y disfrutar el momento gratis y en primera fila. Allí estaban las escaleras de la Igrexa das Ánimas, justo en frente de los ventanales tal como yo las hubiera imaginado o pedido para ese momento. Ni corto ni perezoso acoplé mi huesudo culo en las escaleras y me saqué un Ducados de la cajetilla para saborearlo al compás.

Pink Floyd caía desde la balconada, resbalaba por las piedras e inundaba la pequeña plaza con Shine On You Crazy Diamond, mientras yo fumaba lentamente, quizás el sol me calentaba o me lo invento, pero me vi envuelto en un momento de esos mágicos, inesperados, que parecen suspendidos en el tiempo mientras las canciones discurrían, rodeado de piedras centenarias, las esculturas de las ánimas de la iglesia protegiendo mi espalda, mientras la gente pasaba sin darse cuenta apenas de ese momento, insignificante en sí mismo, pero que tan grandioso me estaba pareciendo allí sentado, fumando y hipnotizado por la música, dejando que me entrara por todos mis poros, despreocupado de cualquier otra cosa. Mágico, épico, sinfónico, monumental, acojonante. De esos momentos en que se suele decir que la piel se te pone de gallina. Fue cayendo todo el disco. Welcome to the Machine, Have a Cigar y la que he escogido, Wish You Were Here. Cayó otro cigarro mientras me dejaba envolver por el encanto del momento, mientras la música rebotaba en las piedras y llegaba a mis oídos, disfrutando de ese pequeño e inesperado regalo.

En un momento dado, un tipo salió a la balconada y se apoyó en la barandilla mirando la gente pasar con cierta indolencia, apurando también un cigarro o un peta, un tipo mayor, como de mi edad ahora, cuarenta y largos, de pelo lacio y largo, barbas y pinta como de hippy, una especie de Cristo algo viejuno. Yo ya estaba medio recostado en las escaleras, el espectáculo ya estaba a punto de finalizar, sonando la segunda parte del Shine On You Crazy Diamond. Por un momento, su mirada se cruzó con la mía que también lo estaba mirando. Se debió de dar cuenta de que estaba flipando con la música y me sonrió levemente. Le devolví la sonrisa y le hice con la mano el gesto universal de de puta madre, tío o en inglés, okey, de manera rápida y algo tímida. Me saludó tocándose ligeramente la frente con el dedo índice, echó otro vistazo y se volvió a meter para dentro de la casa. El disco terminó y puso otro que no me gustaba tanto, no recuerdo cual. O sea que la magia se rompió, levanté mi dolorido culo de las piedras centenarias, me estiré y bajé de la nube para intentar recuperar la realidad y sacarme del estado de suspensión y recordar qué leches estaba haciendo o a dónde iba antes de caer en ese pequeño agujero espacio temporal. Cerca de cuarenta minutos perdidos, cerca de cuarenta minutos tan bien empleados. Ahora tendría que poner aquello de que esta historia está basada en hechos reales aunque ligeramente deformados por mi pésima memoria y adornada con los recursos propios de esto de la literatura.

Después de esta corta anécdota y hablando ya del disco en sí, siempre he tenido otra idea asociada a él y es que se me hace corto, siempre estoy deseando que no se acabe y siempre se acaba demasiado rápido. No soy un experto o sesudo conocedor de la discografía de los Pink Floyd, de hecho, puedo asegurar que no soy experto ni sesudo de nada y solo tengo cuatro discos originales de ellos, el Dark Side of the Moon, The Wall, Pulse y este que nos ocupa, aunque si tengo gran parte de su discografía en mp3. Es un disco que desde el primer momento me entró como la seda, a pesar de que a priori pueda ser un estilo de música que en esa época me invitaba al sonoro bostezo, salvo contadas ocasiones. Tampoco voy a discutir si es su mejor disco o su mejor momento, sólo constato que por unas u otras razones es mi predilecto del grupo. La belleza de Shine In You Crazy Diamond ya vale por todo el disco y por otros muchos discos enteros y Wish You Were Here es un tema conmovedor donde los haya a pesar de su sobrexposición. Un disco que siempre me ha calado en lo más profundo de los huesos, del que las palabras belleza, espacio, elegancia épica y clase son las palabras que, en mi opinión, mejor se le ajustan.

Pink Floyd – Wish You Were Here
(Wish You Were Here, 1975)

……………………………………………….

So, so you think you can tell
heaven from hell,
blue sky’s from pain.
Can you tell a green field
from a cold steel rail?
A smile from a veil?
Do you think you can tell?

And did they get you to trade
your heroes for ghosts?
Hot ashes for trees?
Hot air for a cool breeze?
Cold comfort for change?
And did you exchange
a walk on part in the war
for a lead role in a cage?

How I wish, how I wish you were here.
We’re just two lost souls
swimming in a fish bowl,
year after year,
running over the same old ground.
And how we found?
The same old fears.
Wish you were here.
……………………………………………….

Así que, así que crees que sabes distinguir
el cielo del infierno,
el cielo azul del dolor?
Puedes distinguir un campo verde
de un raíl de frío acero?
Una sonrisa de un velo?
Crees que puedes distinguir?

Y consiguieron hacerte cambiar
tus héroes por fantasmas?
Cenizas ardientes por árboles?
Aire caliente por una brisa fresca?
El frío consuelo del cambio?
Y cambiaste
un papel de extra en la guerra
por un papel principal en una jaula?

Ojalá, ojalá que estuvieras aquí.
Sólo éramos dos almas perdidas
nadando en una pecera,
año tras año.
corriendo sobre el
mismo viejo camino.
Y qué hemos encontrado?
Los mismos viejos miedos.
Ojalá que estuvieras aquí.*
……………………………………………….

* Traducido por el menda, no me fiaría de demasiado a ni un pelo.

Y no me puedo resistir a dejar un pequeño regalo en forma de otro vídeo que siempre me ha parecido espectacular de otra de mis canciones favoritas del grupo. Además, así igual consigo que lo vea alguien a quien se lo recomendé, que quizás me lea de vez en cuando y suele decir que sólo tienen dos canciones buenas, eh, Vane? Joder, quien hubiera pillado sitio ahí en medio disfrutando uno de los mejores solos de guitarra que parió madre a cargo del señor Gilmour. Va por ustedes y a ver si la próxima vez que vea a esa niña se lo ha visto por fin:

Pink Floyd – Comfortably Numb

Nos vemos.

Los comentarios son bienvenidos...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s