La Canción del Día [3]

Bien, creo haber comentado que en esta sección os iba a dejar esas canciones, temas, tonadillas que he escuchado últimamente y que se me habían quedado pegadas, ya sabéis, de esas que te pasas una buena temporada tarareando, silbando ya sea en alto o para tus adentros durante un buen rato, sólo eso, dejarla y luego salir por patas. Esa era la única condición, independientemente de su calidad o valor, de si es buena o mala, si está de moda o no. Una sección rápida y de ir directo al grano.

Pues ya aviso que me voy a pasar mi premisa de la sección por el forro con la canción de hoy que para eso yo hago y deshago aquí en mis dominios. La razón no es otra que cuando escuché el tema en cuestión se me empezaron a venir a la cabeza una pequeña cascada de agradables recuerdos y como tengo la tarde libre, pues le voy a dar un poco a la tecla, que es una disculpa tan buena como otra cualquiera. O sea que que no le apetezcan unas cuantas batallitas o leer demasiado, que baje hasta el vídeo y punto.

El caso es que paseaba yo por mi pueblo el otro día por los alrededores de la Plaza de América, camino de unos recados y cosa extraña, sin los auriculares de mi iPod calados, cuando por pura pereza, al llegar al centro comercial Camelias, atajé como muchas veces por la entrada de Zara para saltarme el rodear toda la manzana. Entrando por arriba, en la sección masculina y atravesándola como por el salón de mi casa, bajando por la escalera que da a la parte femenina, saliendo al interior del centro comercial y siguiendo el pasillo, desemboco a la calle Coruña, con lo que me ahorro un tramo de camino. Ahí fue cuando me asaltó el tema de hoy, de improviso, saliendo del hilo musical de la tienda sonaba un tema de los Scorpions que se titula Life is too Short y mi paso se fue ralentizando. Incluso adiviné cuál era el disco porque es el único que tengo original del grupo descontando ese Gold Ballads que casi todos conocemos. Los dos comprados de segunda mano en algún ataque lejano de nostalgia. Bueno, el tema se me coló y ya empecé a cantarlo para mis adentros, lo poco que me acordaba de la letra, una y otra vez como un disco rayado.

Y tarareando, tarareando me fui acordando de cosas, de momentos. Conste que nunca he sido seguidor de los Scorpions, no por nada, sino porque siempre me parecieron demasiado melosos y la voz de Klaus Meine algo molesta incluso. Y aún así, me gustan muchos temas que me han acompañado durante muchos años. Pero hilando pensamientos recordé por qué me había comprado precisamente ese disco en directo titulado Acoustica.

Resulta que en una fecha del 2001 o el 2002 que no tengo clara, la gira de presentación de ese disco pasó por mi pueblo, Vigo. Los Scorpions tocaban en el pabellón de las Traviesas, justo enfrente de la casa de mi madre. Hacía tiempo que me había prometido no volver a pisar ese antro de acústica infame para ver un concierto. Por allí pasaron y presencié cantidad de grupos como Ramones, Deep Purple, Barricada, Rosendo, Dio, Motörhead, Hellacopters o incluso Sting y todos con el mismo denominador común, sonaron como el puto culo. Pero hay los hados se aliaron contra mi o a favor por lo visto y mi hermano Tito me llamó un día y me dijo que él y su novia en esa época iban a ir y que si me enrolllaba a acompañarles, que total, cenaba tranquilamente en casa de mi madre y en un par de pasos ya estaba en el puto pabellón. Después de unos intentos de escaqueo, no me quedó más remedio que ceder y romper mi promesa, que remedio. No es que me apeteciera mucho, pero bueno, tampoco es que fuera un esfuerzo sobrehumano, sólo uno de tamaño medio.

Y allí me vi, en medio de una legión de personal de mi quinta más o menos, mucha barriga cervecera, mucha coronilla reluciente, bastantes melenas, lleno hasta los topes y los consiguientes movimientos de codos para llegar adelante y coger buena posición ya que estábamos allí. Lo cierto es que me lo pasé a lo grande, para qué voy a mentir. Para mi sorpresa, el grupo sonó impecable, será que la experiencia es un grado, estuvieron muy simpáticos y el público totalmente entregado a una ristra de clásicos de los de corear, botar y sacar el mechero como en los viejos tiempos. Una puesta en escena a lo bestia, con chicas a los coros, vientos, arpa y todo el rollo acústico que consiguió emocionarme y remover esa nostalgia de la que ya viven y hasta sonaron de puta madre cuando al final del show desenfundaron las guitarras eléctricas y nos pusieron a botar a todos como condenados. Un gran concierto el de estos viejos dinosaurios. Luego coincidió que me encontré ese disco en una tienda de segunda mano y me decidí a hacerles un pequeño y nostálgico homenaje. Por ahí sigue en mi estantería.

Hilando, hilando e hilando pensamientos, también me acordé de aquellas épocas de adolescencia en las que en las discotecas de Vigo o Baiona, cuando llegaba aquel momento de las lentas, las de bailar agarrado, casi siempre caía ese clásico Still Loving You, con el que, después de unas cuantas copas, te atrevías a ir molestando chicas para pedirlas un baile a pesar de que de bailar agarrado no había puta idea.

E hilando más pensamientos y recuerdos, también se me vino otro especialmente agradable. Por ahí en el fallado de casa aún debe de estar una cinta de cassette de ellos. Recuerdo como llegó a mis manos. Hubo una época, entre los 13 o 14 años y hasta los 18 más o menos, en que muchas veces acompañaba a mi madre, unas veces sólo, otras con alguno de mis hermanos, a una feria bastante famosa que se celebra los miércoles cruzando la frontera, en Portugal, en un pueblo que se llama Valença do Miño. Cogíamos el autobus y para allí nos íbamos a primera hora, para estar temprano en el mercado. Y no todo era un esfuerzo altruista por acompañar a mi querida progenitora, no. Lo cierto es que me encantaba el bullicio, la cantidad de mujeres por metro cuadrado que había, el que siempre te conseguías una sudadera guapa, o unos tenis de imitación muy aparentes o unos buenos vaqueros. Y sobre todo, ese cafecito en una tacita de esas que parecen un dedal de café portugués, delicioso con mi Ducados y acompañado de un buen pastel de crema de esos enormes que pillabas en el mercado. Buah!, aquello era la gloria, tíos. A veces incluso nos quedábamos a comer en la preciosa fortaleza que domina el pueblo, de bonitas calles y sobre todo, unas impresionantes fuentes de frango, pollo en el idioma del pais vecino, con patatitas fritas y su guarnición de arroz blanco y ensalada a la portuguesa. Lo de a la portuguesa lo digo porque la cantidad era tanta que incluso a mi se me hacía difícil no dejar nada en el plato como mi buena madre me había enseñado. Otro cafecito y otro Ducados ponían la guinda y una gran sonrisa de satisfacción de camino a casa. Lógica mi afición, no creéis?

El caso es que en esa feria siempre había un par de puestos con millones de cintas de cassette que me hacían desviar la vista, me hipnotizaban, a pesar de que me daba cuenta de que, con ese precio, era imposible que fueran originales. Era como una enorme tienda de juguetes o un puesto enorme de chuches para un niño. Una atracción irresistible y fatal. Hacía esfuerzos para no picar, siempre me paraba a mirar y contenía las ganas de caer como un pardillo, hasta que caí. Un día me dio por ahí y me compre no una, sino dos. Las recuerdo perfectamente, una era Flick of the Switch de los AC/DC y la otra, Blackout de los Scorpions. Y sí, lo confirmo, sonaban de puta pena, pero bueno, por el precio ya me imaginaba que no sería alta fidelidad. Aun así y todo, les di bastante uso y confieso que ambos discos me gustaban bastante en esa época. El de AC/DC acabó como vinilo en mi colección y por ahí anda también. Y el de Scorpions tenia su momento, con temas como Dynamite, Blackout, No Ones Like You y sobre todo la baladita de turno, When the Smoke Is Going Down, de cuando el Still Loving You aún estaba por llegar esperando que la compusieran.

Ya veis la de juego que me dio una canción que tampoco es que me impresionara demasiado ni en disco ni en directo, pero que sonando en ese hilo musical de Zara se me quedó dando vueltas y vueltas un par de días, removiendo una coctelera llena de gratos momentos. A veces no eliges las canciones, ellas te eligen a ti, como en este caso. Os dejo un vídeo del tema, que además compusieron nuevo para ese disco en directo, más o menos como yo lo presencié, pues estaba en Youtube extraído del DVD que grabaron después de esa gira:

Scorpions – Life is too Short

And you run ‘cause life is too short…

Sí, ya se sabe, la vida es muy corta. And I run

Nos vemos.

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