Rammstein – Mutter

Rammstein – Mutter
Motor, 2001
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Qué hay de nuevo al otro lado, estimados lectores? Espero que todo ruede bien. Por aquí todo más o menos standard, con la habitual falta de tiempo que acostumbro a cargar últimamente y a la que apenas consigo habituarme. Además, el motivo de esa falta de aire me tiene la cabeza ocupada casi por completo y apenas soy capaz de encontrar un hueco o resquicio para discurrir o hilvanar algo más o menos decente que comentar por aquí. O sea que hoy me he dejado llevar por el impulso mañanero del primer disco que me ha apetecido al ir buscando en la interminable lista de reproducción del iTunes. Por qué no éste? Que cojones, algo se me ocurrirá, digo yo.

Hoy me apetecía Rammstein de buena mañana, sensaciones fuertes, que me despejen, con otro grupo no para todos los gustos, no para todas las sensibilidades, no para todas las orejas, pero es lo que suele pasar con los grupos de fuerte personalidad, la cara o la cruz, o los adoras o no los tragas. A mi no me suelen gustar las medias tintas en esto de la música, me suele ir más lo de odiar o adorar a fondo, sin remordimientos, que la sensación de no saber qué pensar, de no verle el carácter o esa personalidad definida a los grupos que caen por mis orejas. Lo de comentar que no está mal me deja a medio polvo. No creo que el caso de la banda alemana sea una de esas que dejan indiferente, personalidad no les falta, para bien o para mal, eso ya va en cuestión de gustos del consumidor. Yo me decanto claramente por sus defensores, aunque no todo ha sido un camino de rosas en mi relación con ellos.

Seguramente, la primera vez que escuché su música fue allá por el 97 o 98, con su primer pelotazo, que ha día de hoy me atrevería a decir que nunca han superado en cuestión de popularidad, ese famoso Du Hast, perteneciente a su segundo disco Sehnsucht, aunque también juraría que uno de mis hermanos, Tito, fanático de la banda y que incluso ya ha disfrutado de dos directos el grupo en Bilbao y Lisboa creo, no estoy seguro, ya tenía su primer disco en casa, el Herzeleid, aunque también es cierto que nunca le presté demasiada atención, ni fu ni fa, como quien dice.

Ya digo que no fue hasta escuchar ese trallazo que es Du Hast, cuando llamaron realmente mi atención. Para los que nos gusta la tralla es difícil no caer bajo el influjo de este tema, que además sonaba tan original en esa época, tan hipnóticamente extraño, tan emocionantemente poco convencional, tan elegantemente violento. Me sigue pareciendo un tema notable pese al desgaste de los años y permanece firme como la roca en mis preferencias, me provoca, no me deja indiferente.

Rammstein – Du Hast

Aún con semejante carta de presentación, mis prejuicios me impidieron como tantas veces, dejarme llevar por lo que me dictaban las orejas y ahí se quedo el fugaz idilio con la banda. No fue hasta el 2001, hasta el cumpleaños de mi hermano cuando cayeron las defensas. Como sabía de su fanatismo, tuve la feliz idea de regalarle el nuevo disco de sus niños teutones, el Mutter, del que va todo el rollo de hoy. Impresionante presentación del disco, todo hay que decirlo, desde esa portada de la cara de un feto humano, hasta un interior lleno de detalles y muy bien diseñado. El caso es que quedé en acompañarlo para ir a buscar a mi sobrinita a la guardería y llevarla luego al parque y en el camino y en la espera de la guardería, en el coche sonó el Mutter entero un par de veces, sin que evidentemente pudiera protestar como habría sido cualquier otro día. No el día de su cumpleaños y menos contra el regalo que yo mismo le había hecho. El tiro me había salido por la culata y aunque me seguía resistiendo, en el fondo sentía que aquellos tíos me habían atrapado, sentía que aquella fuerza, aquella personalidad me estaba hipnotizando.

Evidentemente, poco tardé en dejarme llevar por ese impulso y en hacerme una copia de mi regalo para sumergirme de lleno en el disco, que para mi gusto es la cima que han alcanzado los alemanes, cima que luego han mantenido a duras penas y hoy en día ya va en notoria cuesta abajo. Tampoco me importa reconocer que me gustaría estar en alguno de esos espectaculares directos, mezcla de música, explosiones, fuegos artificiales y representaciones teatrales de su propios temas aunque últimamente me noto ya algo viejuno para esos espectáculos tan multitudinarios y llenos de sudor y apreturas. Me lo pensaría como mínimo.

También recuerdo que tuve un compañero de trabajo de hace unos años, un jovencito de esos algo friky, algo gris y muy fanático también del grupo, que me machacó sin compasión con ellos día sí y día también de una manera concienzuda, obsesiva y anormal, hasta conseguir que los tuviera que poner una larga temporada en cuarentena porque me hizo acabar hasta los mismos cojones, totalmente empachado y asqueado, se podría decir. Bueno, perdí al friky de vista, el empacho se me pasó poco a poco y todo ha vuelto a la normalidad, vuelvo a sentir ganas de escucharlos más que de vez en cuando y me alegro de ello. Además, hay otras personas que me hacen recordar buenos momentos con ellos y eso pesa en el otro lado de la balanza.

El grupo estaba formado en esas fechas por Till Lindemann en las características vocales, Richard Z. Kruspe en la guitarra solista y coros, Oliver Riedel al bajo, Christoph Schneider en la batería, Paul Landers en la guitarra rítmica y coros y Flake Lorenz ocupándose de toda la parte electrónica. Su estilo se ha etiquetado como metal industrial aunque en mi opinión el término se le queda corto a esta máquina alemana llena de ritmos machacones de apisonadora, que aderezan de guitarras oscuras y saturadas, de épica wagneriana, contundentes secciones rítmicas, abundantes toques de electrónica, aires góticos y orquestaciones líricas y ensoñadoras, que igual te acarician como te vuelan la cabeza, a veces incluso en la misma canción. Sería un olvido imperdonable no destacar la voz de su vocalista, Till Lindemann, responsable de gran parte de ese carácter inconfundible del sonido Rammstein, con un registro profundo y cavernoso de tenor tanto en los momentos más agresivos como en los más suaves, cantando en su lengua madre y que dota a todas sus composiciones de esa dureza tan atractiva al oído, por lo menos al mío, que es marca de la casa, a pesar de que de primeras pueda chocar esa pronunciación de su idioma.

La voz susurrante de Till nos da entrada a la primera de las once canciones que componen MutterMein Herz Brennt, para estallar en una ráfaga de guitarras saturadas y potentes orquestaciones. El fraseo del vocalista, arrastrado y amenazador va ganando fuerza hasta llegar a el estribillo de un tema que nos habla del miedo a la noche y las pesadillas. Un tema como siempre, lleno de calmas, tempestades y cambios, perfecto para ponernos en antecedentes de el camino que vamos a explorar si continuamos.

Links 234 nos sigue machacando con su ritmo marcial, con esa guitarras saturadas, gordas y oscuras que funcionan como una apisonadora sónica para dejarnos cara a cara con la voz amenazadora que nos habla sibilina de que nada tienen que ver con ese nazismo del que muchas veces se les ha acusado, sino más bien con todo lo contrario.

Llegamos a una de mis favoritas, Sonne, el sol si lo traducimos, contando que el astro y algunas otras cosas salen todos las mañanas te guste o no te guste. Una cuenta atrás nos lleva de nuevo al muro de guitarras, a los ritmos cortantes y marcados, a la voz profunda, amenazadora, para desembocar en un gran estribillo que aúna fuerza, lírica y épica llena de un aura de tristeza y decadencia que los Rammstein tan bien dominan. Gran tema.

Rammstein – Sonne

El título del siguiente tema, Ich Will, nos persigue como un mantra durante toda la canción arropado por riffs electrónicos y bajos cargados de oscuridad que dotan de originalidad a un tema donde la banda nos cuenta que no les importa nada más que se escuche lo que tienen que decir. La voz de Till suena amenazadora o violenta, acaricia y susurra mientras nos dice lo que quiere y que lo quiere todo. Otra gran tema lleno de épica.

Rammstein – Ich Will

Una entrada electrónica nos da la entrada a uno de los temas más comerciales del disco, Feuer Frei!, que incluso aparece en la banda sonora de la película XXX, donde la apisonadora vuelve a subir las revoluciones en unos de los temas más enérgicos del disco, lleno de riffs cortantes y pesados, continuos cambios de ritmo y un estribillo incendiario que nos habla principalmente del dolor de las relaciones y como a veces la felicidad de uno puede venir a costa del dolor de otro. No baja el nivel.

Aterrizamos después del incendio en el tema que da título al disco, Mutter, madre, donde la voz profunda de Till nos regala con una interpretación llena de sentimiento y tristeza que muchas veces me pone el pelo de punta con su dulzura e intensidad. Tema lento, pesado en las guitarras y lleno de barroquismo en las orquestaciones y la electronica, sin que con ello resten intensidad al tema. Épica bien entendida. Otro de los buenos.

Rammstein – Mutter

Spielhur nos cuenta una antigua fábula alemana sobre una niña infeliz que finge su muerte para que la dejen sola y que es enterrada con una caja de música en sus manos. Cuando el viento lleva la melodía de la caja de música al pueblo, se dan cuenta de su error y la rescatan. Especial cariño le tengo a este tema que me trae buenos recuerdos además de su propio encanto musical, que lo tiene. La voz susurrante e inquietante del vocalista nos va contando la historia sobre un colchón de guitarras, bajos gruesos y melodías de caja de música antigua hasta que la niña empieza a cantar como desde su tumba, con la voz turbada por la electrónica. Muy original y emotivo tema.

Rammstein – Spielhur

Seguimos con Zwitter quitando un poco de seriedad al asunto, en un tema más dinámico y menos oscuro, casi divertido, con riffs de guitarra y percusiones al galope, sonido gordo y estribillo cantado a duo por el vocalista y una maquina que en algunas partes casi invita a la pista de baile. Una pista de baile oscura y un tanto agobiante, al estilo Rammstein, no podía ser de otra manera. Luego llega Rein Raus, que junto con la anterior quizás sean los dos puntos más bajos del disco, con una canción que tiene sus detalles pero no acaba de cuajar y se hace un poco rutinaria, predecible y falta de chipa o enganche.

Vuelven a subir el listón con las dos últimas. En Adios retornan los ritmos vertiginosos en la batería y las guitarras, de los de sacudir la cabeza hasta descoyuntarse, con cambios y riffs electrónicos y de guitarra que van en aumento hasta el final de la canción ayudados por un potente doble bombo. Como punto final llegamos a la preciosa Nebel, con un cierto aire experimental, de atmósfera eterea, flotante, sentimental, cargada de tristeza en la instrumentación y un estribillo de melancólica épica, donde nos hablan sobre dos amantes que se dan el último beso en medio de la niebla, antes de que la mujer muera. Un bello punto y final y una de mis favoritas también, que sorprende situada al final del disco y te deja un sabor de boca inmejorable.

Rammstein – Nebel

La máquina alemana a pleno rendimiento, o lo tomas o lo dejas. Para mi su mejor disco, repitiendo anteriores fórmulas, pero llevándolas un poco más lejos y regalando un soberbio ramillete de temas oscuros, inquietantes, violentos, líricos o adictivos según avanza el disco, marcado por esa extraña sensación de fuerza y épica wagneriana que le imprime su idioma madre, sumada a esa poderosa voz del vocalista y aderezada con su particular y original modo de entender la música, creando un estilo que como ya dije, no creo que deje indiferente para bien o para mal. Dicen que del amor al odio sólo hay un paso. Pero también se podría decir lo contrario. El caso es probarlo y decidirse. Yo sólo hago de mensajero y ahí dejo la invitación.

Nos vemos.

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