Canciones de Pachi (XVIII)

Un saludo, estimados lectores. Sí, por aquí me sigo, todavía no he tirado la toalla aunque sí que me lo he tomado con más calma y sosiego. Sobre todo esta sección de mis canciones personales, que es la que más me cuesta. Llevo la cabeza demasiado llena de historias y problemas que no vienen a cuento, lo que hace que me sea más complicado centrarme e inspirarme para sacar del baúl de los recuerdos esas canciones de las que tenga algo especial que decir o que vayan unidas a alguna historieta que os pueda encasquetar. También puede ser que ya tampoco queden demasiadas canciones de ese tipo en el baúl, pero ayer se me ha venido una a la cabeza y tampoco me lo he pensado mucho.

La de hoy es una canción a la que le tengo gran cariño, aunque no haya envejecido demasiado bien, ni ella ni el disco en el que viene incluida. Desde el 82, fecha de su publicación, ya ha llovido mucho y mucho he cambiado yo también. Pero como ya digo, el cariño se ha quedado con ella y los recuerdos también. Formó parte de una época de mi vida donde me sonaba a gloria y todavía suenan los ecos de esas sensaciones cuando alguna vez la vuelvo a escuchar.

No fue en el 82 la primera vez que la escuché, tampoco recuerdo la fecha exacta en que fue esa primera ocasión, algunos años después seguramente, pero sí cuando más a fondo exprimí ese disco. Ya he comentado por aquí esa época en la que estuve de destierro laboral durante un año en un pueblo del interior de Galicia que se llama Silleda, donde me sentí casi como una especie de extraterrestre. Allí fue donde de alguna manera que ya no recuerdo, conseguí una copia en cassette del disco y me acompañó durante muchas horas sonando en aquel artilugio que se llamaba walkman, un cojonudo Sony Megabass que sonaba de puta madre y que me habían regalado en la tienda cuando me compré mi primera cadena de alta fidelidad por módulos, también Sony y que todavía me acompaña a día de hoy a pesar de sus múltiples achaques. Hay sigue y a pesar de su avanzada edad, sería capaz de tirarme la casa abajo a base de decibelios, como debe ser. Eso sí, los altavoces ya no son los originales porque los casqué también a base de decibelios y los sustituí por unos de suelo y caja de madera que soportaran con holgura mi tendencia a subir el volumen a tope para que el sonido me entre por los poros.

También es curioso reseñar que es una canción cantada en español y de un grupo de mi tierra que además ha alcanzado cierta fama nacional o eso creo y que en sus inicios incluso llegaron a telonear a los mismísimos Ramones. Supongo que la mayoría habrá escuchado hablar de Los Suaves para bien o para mal. Y digo lo de curioso porque siempre me ha resultado muy difícil conectar con las letras en mi idioma, llámenlo defecto del animal, pero salvo muy contadas excepciones, creo que ese es el motivo de que en mi discoteca apenas figuren grupos españoles. Acabo pensando que me parecen o ñoñas, o forzadas, o estúpidas, o todo a la vez. Y con el tiempo he ido a peor. En esta época de la que estoy hablando aún podría hablar de grupos como Leño, Rosendo, Barricada, Triana, los mismos Suaves, más tarde Calamaro y a día de hoy, la nada casi absoluta. Siempre prefiero centrarme en la música e imaginarme yo mismo lo que dicen, que saber la realidad de las letras. Lo más seguro es que me decepcionarán o me parecerán flojas o prescindibles o le quitarán parte de la gracia a la música.

El caso es que en esos agitados días de mi vida adolescente, caminaba por las calles con mi walkman de puta madre y muchas veces era ese primer disco de Los Suaves sonando a todo lo que daba el aparato, el que me acompañaba, con ese título de Esta vida me va a matar, que me venía al pelo. Ese disco y el siguiente, Frankenstein, son para mi gusto, los dos mejores del grupo, donde sonaban más frescos, callejeros y naturales, donde más conectaba con su rollo desenfadado e irreverente, con temáticas más pegadas al suelo aunque casi siempre tuvieran un trasfondo algo deprimente y con un primer guitarrista de estilo amateur y sencillo pero de gran sentimiento y una manera de sonar que me encantaba. Luego empezaron a tirarse al heavy metal, ha oscurecer el sonido, a ser demasiado deprimentes y a pasarse a un guitarra solista del tipo filigranas, muy técnico pero que me dejaba bastante frío. Cuestión de gustos.

También recuerdo que había una leyenda urbana que a día de hoy todavía no sé si es cierta o no, ni tampoco es que me interese demasiado, que decía que Yosi, el vocalista, era un madero o policía nacional. Vaya yuyu que aquel greñudo fuera un madero, se escuchaba comentar o pensaba más de uno. La verdad es que su aspecto y su comportamiento sobre el escenario no pegaban demasiado con el de un agente de orden precisamente. No conseguía imaginármelo pidiéndome la papela, que queréis que os diga. Y es que el amigo Yosi era y es uno de esos genio y figura, uno de esos personajes particulares que no pasan desapercibidos precisamente por anárquico, excesivo, borrachuzo, impredecible y de extraño magnetismo.

Además, los he visto varias veces en directo y le tengo mucho cariño al recuerdo de un concierto gratuito que dieron en Redondela hace muchos años, en un sitio que creo recordar llamaban Campo da Feria o algo así. Allí había de todo, aquello era la hostia, desde abuelos con su boina, hasta mamás con sus alimañas y todo tipo de tribus urbanas que te puedas echar a la cara, petado hasta los topes y con un bolo al aire libre que duró más de tres horas, sin cuartel, con el Yosi bajándose una botella de bourbon entera, saliendo a mitad del concierto con una camiseta del Celta, vociferando y agitando a las masas, subiéndose por los altavoces y caminando y cayendo bolinga perdido por todo el escenario y saliendo al final retirado en volandas cerca del coma etílico, para acabar el resto del grupo sin vocalista el concierto. Joder, fue apoteósico aquello, menudo aquelarre de rock, entrega, sudor y desenfreno. Pocas veces he visto semejante comunión del grupo con el público, la verdad. Hasta yo, que ya hacía un tiempo que había renegado del grupo y fui arrastrado por la colegada, me tuve que rendir a semejante despliegue de pasión y desenfreno. Un gran concierto, si señor.

Además, en aquella temporada en Silleda y por coincidencias del destino favorecidas por mi pesadez con el disco, alguno de aquellos compañeros de trabajo me comentó que la mujer de Yosi era de allí, de Silleda y que si quería me la presentaba, lo que no me acabé de creer, no podía ser posible. Pero así fue, me presentaron a esa mujer, de la cual siento no acordarme del nombre, pero sí que era una rubia de muy buen ver, bastante impresionante y casi de mi altura, con la que estuve toda una tarde de charla y tomando cañas. También me regaló algunos objetos de merchandaising del grupo, de los que sólo me acuerdo de un parche con el gato del logo que lucí en una cazadora vaquera durante bastantes años, hasta que el tiempo y mis andanzas lo dejaron destruido por el uso.

La canción no es otra que la que abre el disco y se llama Peligrosa María, con unos textos muy cachondos, con una historia creíble, casi del día a día, con mucha ironía y desenfado. Ya digo que los años no la han tratado muy bien pero en su momento sonaba de la hostia en los cascos de mi flamante walkman, con la cazallosa voz de Yosi a los mandos y unos solos de guitarra que me sonaban a gloria. La historia de María tenía su punto y su gracia. Ya sé que no es una obra maestra de la historia de la música pero seguro que nunca lo ha pretendido. Es tan sólo eso, un tema divertido, urgente y que funcionaba de puta madre en directo. Que me lo digan a mi.

Los Suaves – Peligrosa María
(Esta vida me va a matar, 1982)

Y un documento en forma de vídeo de aquellos 80, con el grupo tocándola en directo en un programa de televisión para que os hagáis una idea más exacta de lo que eran Los Suaves en esa época, sin tanta oscuridad, sin tanto heavy metal, más directos, más urgentes, más callejeros y tirando más a un rollo algo punk, se podría decir. Un tipo de programa musical, a todo esto, que brilla por su ausencia en la actualidad, donde como mucho puedes intentar esquivar esas fábricas de cantantes prefabricados y sin personalidad que están tan de moda. Es lo que tiene el progreso y la globalización.

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Sábado a la noche, salí a pasear,
con mis amigos fui a un whisky bar.
Allí conocí a una chica, María,
la recordare mientras viva.

La cosa al principio funcionó muy bien, 
charlamos en la barra y luego fuimos a bailar.
Ya de madrugada, en el cuarto del hotel,
le di lo que quería, lo que venia a buscar.

No sabía lo que me esperaba.
No sabía lo que me esperaba.
No sabía que la llamaban
Peligrosa María, 
Peligrosa María, 
Peligrosa María, 
Peligrosa María.

Al despedirnos sonreía, 
esperaba, dijo, que la recordaría. 
También me deseo mucha suerte
y yo como un tonto me marche muy alegre. 

Al día siguiente lo tenía irritado,
¡Ay que horror! estaba colorado.
Dos mil pelas gaste en penicilina.
Seguro que me acuerdo de María.

Ahora entiendo sus palabras, 
ahora entiendo sus miradas, 
ahora sé porque la llamaban
Peligrosa María, 
Peligrosa María, 
Peligrosa María, 
Peligrosa María.

…………………………………………………..

Nos vemos.

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