Canciones de Pachi (XXI)

canciones de pachi21Holaquétal, estimados. Asomamos de vuelta y nos vamos a por la número 21 de estas canciones personales que os traigo de vez en cuando por esta, mi sección más cuesta arriba, aquella que me pareció en su día tan buena idea y que parece que se está secando a marchas forzadas porque mi exigua memoria ya no da para mucho más y por más que araño y me esfuerzo entre las brumas del recuerdo, no encuentro combustible para hacer seguir funcionando la máquina del tiempo.

slowhandSin embargo, a veces salta una pequeña chispa que estaba ahí adormecida, aunque sólo haga encender una tenue luz muy difusa, de recuerdos muy borrosos, apenas esbozos de momentos que consigo vislumbrar entre la niebla, como a ráfagas. Hoy, mientras hacía limpieza y labores del hogar, pasando el aspirador al polvo que se le acumula a la colección de vinilos, a pesar de que aún a veces la visito, me quedé con una portada de un disco que asomaba, una portada que siempre me ha gustado bastante, que me llamó la atención desde la primera vez que la vi. Sobria, en blanco y negro, una tipografía que gustaba y me sigue gustando y un título que hace referencia al apodo, mano lenta, de su autor. Sí, es el Slowhand de Eric Clapton, que lleva muchos años en la colección y también hace muchos que no suena. Hoy tampoco. No era su momento. Ahí dentro duermen canciones como su célebre Cocaine o Wonderful Tonight o Lay Down Sally, en un disco que quemé bastante hace muchos años.

De todas maneras y como ya he comentado, eso sólo fue la chispa, el toque que removió la memoria y sacó a flote algunos borrosos y añejos recuerdos. Ni siquiera es de este disco la canción de la que quería hablaros. Pero hizo de hilo conductor para conseguir material para estas letras, recordándome algunos buenos momentos de la adolescencia, borrosos pero que aún siguen ahí.

Me recuerdo en mi barrio de toda la vida, donde nací y que no abandoné hasta ya cumplida la mayoría de edad. Recuerdo un barrio, Santo Tomé, que estaba dividido casi en dos partes. La mía, la del personal de clase obrera e incluso menos y la otra, la de los que llamábamos los ricachones y que hasta tenían su calle particular, llena de chalets y un pazo incluído. Recuerdo una buena banda de chavalada, de uno u otro estracto, de entre los ocho y los quince años, mezclados aún a pesar de las broncas y reprimendas de los papás ricachones, a los que no gustaba que sus tiernos retoños se juntaran con aquella pandilla de gamberros. Recuerdo que les mangábamos las bicis, el dinero, la merienda, los juguetes, les bajábamos las bragas a sus hermanas y les hacíamos mil y una putadas que no les quedaba más remedio que aguantar. Éramos vecinos y, o se quedaban en casa encerrados o salían a toparse con nosotros. Así de dura era su vida.

Sí, eran el centro de nuestra maldad infantil o adolescente, como debía ser. Ellos tenían y nosotros no y como pequeños robinhoods, nos tomábamos la justicia por nuestra mano y quitábamos al rico para quedárnoslo nosotros. Ya he dicho que nosotros éramos los pobres. Los buenos de la película, para situarnos.

De todas maneras, no todo era malo, ni siempre nos estábamos cebando. Con nosotros compartían todo lo que sus papás no les dejaban hacer. Desde jugar a las canicas, al trompo, al pincho, a las chapas, a la una anda la mula, al huevo, a ir a robar fruta por todos los alrededores, a colarnos en los jardines del pazo a por más fruta y tener acojonados a los mastines que lo guardaban, a coger leña para en el bosque para la hoguera de San Juan, a usar los escopetines de aire comprimido o los tirabolas o tirachinas de fabricación casera, a tunear las bicis, a los interminables partidos de fútbol sobre el cemento de la carretera particular y a apartar todos los coches que molestaban a pulso, echándolos encima de la acera, a hacer cabañas en los árboles, a chorizar en la tienda golosinas, a fumar a escondidas, a escaparnos al parque de Castrelos, a irnos con las bicis tan lejos que, si sus padres se enterasen les daría un infarto y un sinfín de actividades que para ellos estaban prohibidas y que sólo disfrutaban con los del lado asilvestrado. Sus queridos y temidos vecinos.

También recuerdo mañanas y tardes enteras pasando el tiempo en la entrada de ese pazo, que tenía una piedra rodeada de gruesas cadenas negras donde el primero en llegar tenía el honor de sentarse. Tardes y tardes gorroneando cigarros a todo el que pasaba, comiendo pipas, tramando la próxima gamberrada, comentando el último capítulo de Mazinger Z o cantando gitanadas y dando palmas con un gran amigo que tocaba la guitarra y sólo sabía canciones de Manzanita, Los Chichos, Los Calis, Los Chunguitos y calorradas así. Hace muchísimos años que perdí el contacto con todos ellos, me mudé de barrio y apenas me he cruzado con el amigo de la guitarra alguna que otra vez, ya casado y con un hijo. Nos hemos tomado algunos cafés, recordado algunas batallas e incluso la última vez me enseñó fotos en su iPad de su niño, ya todo un adolescente al que también le gusta la música y le da hasta al piano.

Ahora, cada vez que paso en coche o rara vez a pie por mi antiguo barrio, siento una especie de nostalgia y desazón a la vez. Más o menos, todo sigue igual. Las mismas casas, la casa de mis abuelos donde pasé mi infancia y buena parte de la adolescencia, las de mis antiguos amigos de correrías, las de los niños ricos, los mismos chalets, la misma calle particular, el mismo pazo. Todo parece más o menos igual, salvo un par de detalles. Aquel gran bosque propiedad del pazo donde tantas horas pasé, ha desaparecido engullido por una enorme area comercial y dos horribles torres de hormigón estilo colmena. La otra es la sensación de desolación y desierto que me transmite. No hay chavalada, no hay gamberros, no hay niños de papá, no hay bicis, no hay monopatines, no hay nadie jugando en esas calles, no hay nadie gorroneando un cigarro. Será eso que llaman el descenso de la natalidad o lo de que están demasiado tiempo con la PlayStation. Nunca he sentido ninguna estima por los niños pero su total ausencia no deja de producirme bastante mal rollo cada vez que paso por mi antiguo barrio.

Todos esos recuerdos los despertó una canción que recordé al ver la portada de ese disco. Una canción de la que estuve realmente enamorado en la adolescencia, en esa época que os relato, que me parecía lo mejor que se podía escuchar por siempre jamás, que grabé muchas veces de la radio en aquellos míticos cassettes TDK y que escuché miles y miles de veces. La canción no es otra que Layla, un tema de los 70 y que siempre pensé que era de Eric Clapton, pero que en realidad era de un grupo del que fue integrante y que se llamaban Derek and the Dominos. También tengo que confesar que, durante mucho tiempo y después de grabarla, borraba la segunda parte de la canción, lenta y llena de piano porque no me gustaba ni me pegaba con la primera parte, una maravilla llena de guitarras. Tardé algún tiempo en darme cuenta y caer rendido también a esa segunda parte y sentir su magia que acabó por convencerme tanto o más que esa potente entrada de la canción. Aún así, siempre me ha parecido curiosa cuando menos esa tan acusada diferencia entre las dos partes del tema.

pattie boydParece ser que el amigo Clapton estaba en esa época locamente enamorado de una tal Pattie Boyd, enamorado hasta las trancas, vamos. Un amor no correspondido o sólo para ser amantes a escondidas, parece ser y con el que, además, había un pequeño problema o gran problema, según cómo se vea. La chica era la mujer de su buen amigo George Harrison. Sí, el de los Beatles. Inspirado por ese amor, pasando de problemas grandes o pequeños y con el afán de conquistarla del todo y que se fuera con él, le escribió y dedicó esta tremenda canción y parece ser que consiguió conquistar el corazón de la buena moza de la fotografía, con la que acabaría casándose. Claro que también acabaron tirándose los trastos y divorciándose al poco tiempo. El amor y los artistas son así. El caso es que, en el camino de la historia de Pattie y Eric, nos dejaron esta Layla que tantas cosas me ha recordado y como se suele decir, a mi que me quiten lo bailado o lo escuchado, en este caso. Ahí os dejo con esa chispa que me ha llevado a escribir esta canción número 21. Ladys & gentlemans, Layla:

Derek and the DominosLayla
(Layla and Other Assorted Love Songs, 1970)

Like a fool, I fell in love with you,
turned my whole world upside down.

…………………………………………………………….

What’ll you do when you get lonely
and nobody’s waiting by your side?
You’ve been running
and hiding much too long.
You know it’s just your foolish pride.

Layla, you’ve got me on my knees.
Layla, I’m begging, darling, please.
Layla, darling,
won’t you ease my worried mind?

I tried to give you consolation
when your old man had let you down.
Like a fool, I fell in love with you,
turned my whole world upside down.

Layla, you’ve got me on my knees.
Layla, I’m begging, darling, please.
Layla, darling,
won’t you ease my worried mind?

Let’s make the best of the situation
before I finally go insane.
Please, don’t say
we’ll never find a way
and tell me all my love’s in vain.

Layla, you’ve got me on my knees.
Layla, I’m begging, darling, please.
Layla, darling,
won’t you ease my worried mind?

Layla, you’ve got me on my knees.
Layla, I’m begging, darling, please.
Layla, darling,
won’t you ease my worried mind?
…………………………………………………………….

Qué harás cuando te encuentres sola
y nadie esté esperando a tu lado?
Has estado corriendo
y escondiéndote durante demasiado tiempo.
Tú sabes que esto es sólo tu estúpido orgullo.

Layla, me tienes a tus pies.
Layla, te lo estoy rogando, querida, por favor.
Layla, querida,
no aliviarás mi preocupada mente?

Intenté darte consuelo
cuando tu viejo te defraudó.
Como un tonto, me enamoré de ti.
Giré mi mundo entero poniéndolo al revés.

Layla, me tienes a tus pies.
Layla, te lo estoy rogando, querida, por favor.
Layla, querida,
no aliviarás mi preocupada mente?

Vamos a sacar lo mejor de la situación
antes de que me vuelva loco.
Por favor, no digas
que no encontraremos una manera
y dime que mi amor no es en vano.

Layla, me tienes a tus pies.
Layla, te lo estoy rogando, querida, por favor.
Layla, querida,
no aliviarás mi preocupada mente?

Layla, me tienes a tus pies.
Layla, te lo estoy rogando, querida, por favor.
Layla, querida,
no aliviarás mi preocupada mente?*
…………………………………………………………….

* Traducido por el políglota de siempre.

Por cierto y antes de que se me olvide. En ese Slowhand del que os hablaba, también figura otra canción dedicada a Pattie. Otro gran tema que os dejo antes de despedirme por hoy y hasta la número 22. Si hay combustible, claro:

Eric ClaptonWonderful Tonight

Nos vemos.

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