Screaming Trees – Dust

Screaming Trees DustScreaming TreesDust
Epic Records, 1996
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Holaquétal, estimados. Espero que todos bien. De vuelta por aquí estamos, no sin cierta pereza, con síndrome post semana santa y toda su murga. Este año y seguramente por gobernar los payasos de turno, los titiriteros a los que les toca eso de hacer que hacen, pues parece que el tema religioso a venido con más ímpetu del acostumbrado, como mi particular alergia o empacho primaveral. Las televisiones públicas, tanto la estatal como la de mi autonomía, aparte de las acostumbradas películas bíblicas acordes con las fechas, nos han aderezado las mañanas, tardes y noches con omnipresentes y extensas noticias sobre las procesiones y desfiles del más remoto pueblo de nuestro territorio y además, no contentos con ello, nos las han retransmitido en directo por todos los canales que pagamos todos los habitantes de este cojonudo país. Que dicho sea de paso y según la Constitución, se supone que es un estado aconfesional. Todo se interpreta según el mamarracho que gobierna. Por no hablar de la increíble campaña de marketing mundial que tenemos, por vía aérea, marítima, terrestre y subterránea, con la elección de mandamás allá en Roma, con sus entrañables saltos de protocolo y su cercanía al populacho que, como buen lavado de imagen y marca, nos está colocando la mafia católica por todos lados, como vulgar campaña de publicidad de detergente o colonia, pero sin pagar por los anuncios. Con la iglesia hemos topado.

A mi, personalmente, me merecen todos los respetos las creencias, tradiciones, devociones y santos de cada uno. Allá cada cual. Ese mismo respeto me gustaría que tuvieran ellos con los demás. El resto, esos que no compartimos su rollo, no tenemos porque tragárnoslo, ni aguantar ese despliegue desmedido y fuera de lugar en la televisión pública. Pese a quien pese, la Constitución la hemos votado todos y lo de aconfesional, también. Pero no, ellos seguirán sacando todo el provecho y jugo a sus anacrónicas prebendas y favoritismos que les otorga la tradición, que convierten en derecho. Obstaculizando en interminables marañas legales el querer darte de baja de su secta, en la que has ingresado con un bautismo por el que nadie te pidió opinión y sacando provecho de ello. O con su casillita en la declaración de la renta, porque sí, porque son ellos. O cobrando por las visitas a monumentos religiosos que, al final, cuida y mantiene el estado. O con sus taimados, ventajistas y especuladores manejos urbanísticos y de la propiedad. O metiendo sus narices en política y leyes, donde nadie les ha dado vela. Por no hablar de todos los pecados por los que piden perdón cada 20 o 30 años después de haberlos cometido y con los que se absuelven a si mismos, o por los que están cometiendo en la actualidad, con todo tipo de escándalos, que apenas serán la punta del iceberg de su oculta realidad y que serán absueltos por ellos mismos, dentro de otros 20 o 30 años. O creyéndose mejores o con más derechos que cualquier otra religión o secta, pese a todo lo que han hecho y hacen, porque sí, porque son ellos. Expertos en mirar a otro lado o de connivencia con el mal a lo largo de los siglos, en vez de dar un paso al frente o combatirlo, más preocupados en amasar poder y riquezas que en practicar la pobreza y la humildad, como rezan sus mandatos. En resumen, una poderosa, basta y peligrosa organización mafiosa, la de los llamados ministros de la iglesia. Y ojo, hablo de ministros y administradores, no de religiones. Pero todo reluce humilde, angelical, santo, casto y puro en estas fechas. El año que viene, más de los mismo, nuevas raciones y lecciones de respeto católico y apostólico.

Aún recuerdo, hace años, cuando vivía en una casa alquilada a las afueras de mi pueblo, como el puto cura del lugar, todos los putos domingos, a las 9 de la mañana, colocaba su misa a todo lo que daban los altavoces del campanario, para que todos los alrededores se la tuvieran que tragar, con los cánticos de sus beatas y patéticos sermones incluídos, en una muestra de respeto auténtico a las creencias y al descanso de sus vecinos. Cada una de esas entrañables mañanas, aún en cama, con o sin resaca, mientras escondía la cabeza bajo la almohada, notaba como me hervía la sangre, como la ira me hacía ver todo rojo y me imaginaba con una escopeta de cañones recortados en las manos, recorriendo los kilómetros que me separaban de la iglesia, volando los putos altavoces a cartuchazos y moliendo a escopetazos al puto gordo cebado del cura de la parroquia. Enseñándole un poco de respeto, para que practique lo que predica. Con el mismo estilo depurado que había en las hostias como panes que me recetaba el párroco de mi barrio, si no me sabía el catecismo. Apenas conseguía relajarme tan agradable visión. Por eso, allá cada cual con sus creencias si las tiene. Yo tengo las mías, me encomiendo a quien me parece, pero ni creo, ni tengo la más mínima fe en esos ministros y administradores. Y como yo, otros muchos. Somos legión, aunque ellos no lo crean y con el mismo derecho al respeto que ellos tanto predican avasallando a los que no son de su bando. Y sí, me hago viejo y cada vez tengo más manías. Ellos son una de tantas.

Bueno, recobro la compostura y respiro después de esta breve defensa de lo aconfesional, que creo que va siendo hora de que me meta en harina con el disco que os traigo para hoy. Un gran disco, una joya que me costó mucho conseguir original, un disco infravalorado, ninguneado y un fracaso en ventas en su momento, tanto que se llevó consigo en el naufragio a la banda que lo creo. También bastante desconocido hoy en día y que quiero reivindicar de manera más enérgica posible, desde este modesto artículo.

Para los que por aquí os dejáis caer, no os será desconocida mi veneración por la carrera en solitario de Mark Lanegan. Hoy os invito a ir un poco más allá en el tiempo, hasta aquella época desde mediados los 80 hasta mediados de los 90, donde el grunge era el estilo amo y señor del cotarro. Hasta el mismo centro del fenómeno, hasta Ellensburg, a un tiro de piedra de la Seattle de esa época dorada para algunos y endemoniada para otros. Allí, este señor Lanegan, politoxicómano, ex-convicto, aficionado a la música e íntimo amigo de un tal Kurt Cobain, convivía con sus demonios interiores y formaba un grupo con amigos del instituto, que se llamó Screaming Trees, creo que en honor a un pedal de guitarra o algo así. Unos difíciles comienzos, que poco a poco, fueron dando sus frutos y cierto reconocimiento en esa escena donde mandaban grupos de muchos amigos y conocidos, que iban y venían, juntos y revueltos, compartiendo andanzas, copas y drogas, como Nirvana, Soundgarden, Dinosaur Jr., Pearl Jam o Alice in Chains. Todos son nombres propios que han perdurado hasta nuestros días, míticos incluso. Todos, menos quizás los Screaming Trees. Por ahí se empezó a forjar ese aura de perdedor, de oscuro personaje de culto que todavía lleva Mark Lanegan.

Sin hacer exactamente grunge, aunque en esa etiqueta se les encasillara, con un estilo más amplio y complejo, a punto estuvieron de subirse al carro de la fama, después de algunos buenos trabajos, con su sexto disco Sweet Oblivion, en el 92, de la mano de temas como Nearly Lost You, Shadow of the SeasonDollar Bill y otro puñado de canciones llenas de calidad, encerradas en ese disco. Consiguieron buenas ventas, éxito en las listas, algo de fama y reconocimiento. Se hablaba de ellos y llovían elogios.

Screaming TreesNearly Lost You

Screaming TreesDollar Bill

[A veces, esto del blog me trae inesperadas y agradables sorpresas. No soy muy dado a investigar en lo visual ni a esto de los vídeos de música. Aunque parezca raro, nunca se me había ocurrido indagar en Youtube sobre este grupo. Creo que en la carrera en solitario de Lanegan no he visto nunca un vídeo para sus canciones que no fueran grabaciones de directos, o no los conozco. Me ha hecho gracia descubrir que con Screaming Trees sí los tiene y comprobar que alguna vez también fue jovencito, aunque se ve que lo de la economía de movimientos y el gesto adusto le viene de lejos].

Todo pintaba bien. Su mejor momento en el momento adecuado. Lo tenían al alcance de la mano. Sin embargo, paradójicamente, lo que sucedió fue todo lo contrario. Problemas con la discográfica, disputas en la formación, trabajos en solitario de unos y otros, retrasaron la llegada del disco que os traigo hoy, durante cuatros largos años, hasta el 96. Muchos años, demasiado tiempo en eso del mundo de la música. Ya no se hablaba de ellos, el momento había pasado sin aprovechar la ocasión y las ventas del nuevo disco fueron un estrepitoso fracaso, que hizo que la discográfica no les renovara el contrato. Nadie quiso saber nada del siguiente disco ni de ellos y se acabaron disolviendo sin pena ni gloria. Curiosamente, ese disco póstumo que nadie quiso editar, se acabó publicando en el 2011, con el título de Last Words: The Final Recordings. No suena mal el título como epitafio de lo que pudo haber sido y nunca fue.

Ese disco, para mi su mejor disco, el que fue parido con retraso, el que los condenó al ostracismo y al sonoro fracaso, se titula Dust. A pesar de todo, es considerado por la crítica como uno de los mejores discos de esa época, su pequeña obra maestra, una pieza de culto, oculta tras esa bonita aura de perdedores con la que se quedaron, por eso quiero rescatarlo de su relativo anonimato. Quizás, el único que no tuvo la culpa de ninguno de los males del grupo fue el disco en sí, rebosante de calidad y dispuesto a catapultarles a la cima. La realidad es que se quedaron en la orilla, muy lejos de hacer cumbre, pese a tener el mejor material para hacerlo. Su nombre rara vez figura entre esos míticos nombres de esa época dorada en la fría Seattle.

La banda que publicó este Dust estaba formada por mi querido Mark Lanegan y sus características e inconfundibles vocales, Gary Lee Conner a la guitarra, su hermano Van Conner al bajo, Barrett Martin a la batería y la colaboración a la guitarra de un jovencito llamado Josh Homme, no sé si os suena el nombre. Como ya he comentado, al grupo se le suele encasillar bajo la etiqueta grunge, con esa mezcla de rock alternativo, hard-rock, punk o noise rock que caracterizan dicho estilo, pero al que añaden muchas dosis de sonido sicodélico, lisergia sesentera e incluso folk y aromas orientales. Sin duda, su principal seña de identidad son las cuerdas vocales de Lanegan, pero a ello añaden una gran capacidad para las melodías, las texturas y las atmósferas, buenos coros y un gran guitarra solista, que les suma enteros y les aporta cierta diferencia con sus coetáneos de estilo por esas épocas. Incluso, en este disco, se atrevieron a jugar con algunos arreglos instrumentales y diversos instrumentos, como el djembe, el mellotron o el sitar, sin que el experimento chirríe. La etiqueta grunge, a mi modo de ver, se les hace pequeña.

Un buen ejemplo lo tenemos con la canción que abre el disco, Halo of Ashes, donde ya dejan muestra de esa vena distintiva, de un estilo con más matices y riqueza de lo habitual en el grunge. Los aromas orientales se cuelan desde los primeros acordes de guitarra y el sonido del sitar no hacen más que acentuarlos. Bajos y batería profundos acompañan a la voz mística y profunda de Lanegan creando una atmósfera llena de lisergia sesentera. Uno de los temas más experimentales del album y con las vocales de Lanegan más exigidas y dinámicas de lo que acostumbra en solitario.

Screaming TreesHalo of Ashes

El primer single del disco fue All I Know, sin duda, uno de los mejores temas del disco, algo más rockera que la anterior, aunque de parecida estructura. Una gran conjunción de electricidad y acústica, del uso del wah-wah, los coros de aire gospel, certeros riffs y gran solo de guitarra, unidos a un gran estribillo que le hacen tener una pegada casi infalible, de tono muy épico y narcótico. Quizás lo más cerca que estuvieron de la cima del éxito.

Screaming TreesAll I Know

Look at You nos lleva a paisajes más pausados, con la voz de Lanegan, dulce, melancólica y oscura a la vez, toma el protagonismo del tema. Dejando muestra de su capacidad melódica, se balancean en lo instrumental entre la calma y la tempestad, entre lo acústico y la distorsión eléctrica. Un tema sencillo pero efectivo.

Seguimos el camino con Dying Days, un enorme tema y un pequeño homenaje a su amigo, recientemente fallecido, Kurt Cobain. Cuenta además con la colaboración del componente de Pearl JamMike McCready, en las guitarras. Tras una intro de suaves acústicas, nos volvemos a encontrar con otra magnífica interpretación vocal de Lanegan, que me suena honesto, profundo, bajando y subiendo de intensidad, en un tema lleno de riqueza instrumental, potencia y un gran estribillo inflamado de rabia e intensidad.

Screaming TreesDying Days

En Make my Mind nos volvemos a encontrar con una delicada melodía, coros celestiales y suaves vocales que nos llevan a un dulce estribillo en falsete y capas de guitarras, acompañados de un gran solo de Conner. Una gran pieza, con el grupo desprendiendo armonía y buen hacer instrumental. A continuación nos encontramos con otra de mis predilectas, una balada titulada Sworn and Broken. Lento comienzo acústico y el maestro mostrando el lado más melancólico de su voz, haciendo puente con un perfecto estribillo lleno de una dulzura que te traspasa. Genial el solo de teclados hacia la mitad del tema, todo ello sobre un colchón de guitarras crujientes, arreglos de cuerdas y acertados coros que le dan un tono épico e intenso.

Screaming TreesSworn and Broken

Con Witness recuperamos el lado más rockero del comienzo, cercano al grunge o al hard-rock, sonando oscuros y mostrándose poderosos, sin perder su capacidad para la melodía y los grandes estribillos. Gran trabajo de guitarras, con un afilado solo lleno de fiereza, una batería contundente e incisiva y con la voz y coros más dinámicos, agresivos, redondeando otro potente tema de rock en su vertiente más clásica.

Screaming TreesWitness

Con Traveler nos sumergimos en el lado más pausado, atmosférico y sicodélico del grupo. Un medio tiempo donde predominan los teclados, el mellotron, la guitarra acústica y una excelente interpretación vocal, otra vez melancólica y delicada. Los arreglos de cuerdas le dan un toque que invita a la paz y a la relajación.

En Dime Western nos vuelven a acercar a los sonidos orientales mezclados con la sicodelia sesentera, con un cierto aire a los Zeppelin y el uso del wah-wah sumado a un gran trabajo en la batería. Finalmente, Gospel Plow pone el cierre a este sobresaliente disco de rock, sin abandonar esos matices orientales ni la sicodelia, recordándome por momentos a los Doors. La voz de Lanegan rebosa sentimiento y poderio en la interpretación y oscuridad en el estribillo, acompañado de un potente bajo y excelentes guitarras. Una oscura atmósfera para despedir a modo de epitafio. Un increíble disco que acabó resultando un esfuerzo baldío.

Os dejo un par de vídeos que he encontrado, donde se ve al grupo dando vida a algunos temas sobre el escenario y dejando sobrada muestra de su calidad. También se puede ver a Lanegan con un aspecto bastante demacrado, flaco y pálido, seguramente, producto de su mala vida, pero con su voz en plena forma. También y como curiosidad, se puede ver a un jovencito de polo azul a la guitarra. No es otro que mi querido Josh Homme, que les acompañó en la grabación y los directos del disco.

Screaming TreesHalo of Ashes

Screaming TreesAll I Know

Hasta aquí esta larga entrada. Ya sabéis que lo del resumen, la contención y la condensación no es lo mío. Y menos cuando quiero recomendar un disco, que me parece un imprescindible en la colección de cualquier amante del buen rock de los 80 y 90. Y más, cuando ha sido tan infravalorado como es el caso. El canto del cisne de los Screaming Trees y el grupo, deberían tener su lugar entre esos otros nombre míticos de aquella fría ciudad y aquellos dorados tiempos, lugar que les fue arrebatado por la veleidades del destino y la música. Dust es un destacable compendio de versatilidad musical, de talento instrumental y compositivo, de espiritualidad y misticismo, experimentación, atmósferas y matices, contando además con un cinco estrellas, con uno de los mejores vocalistas que salieron de aquel hervidero musical que era la factoría de Seattle en esos tiempos. Por lo menos yo no tengo ninguna duda de ello.

Nos vemos.

2 pensamientos en “Screaming Trees – Dust

  1. Suena bien tu nueva recomendación.

    Después de varios intentos de búsqueda infructuosa, al fin he logrado pasarlo con éxito al iTunes, a ver si puedo dedicarle el rato que se merece y catarlo este fin de semana.

  2. Hola, D’Agel… perdona el retraso, pero hubo fin de semana de fiestas en mi pueblo, la Reconquista y había que ir a darles la patada en el culo a los gabachos, o sea que no he pasado ni tocado el ordenador desde el viernes y aún ahora me pasa factura el buen comer y el mejor beber hasta altas horas.

    Bueno, me alegra que te haya interesado el disco. Ya contarás que te ha parecido ese canto del cisne del grupo de Lanegan.

    Nos vemos.

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