La Canción del Día [20]

la cancion del dia20Holaquétal, estimados al otro lado. Día de resaca, escozor y algo de mal rollo para un gran amante del basket como es el menda que escribe. Sin duda, mi deporte favorito desde siempre. Y además, merengue, para más señas. Ayer nos las prometíamos muy felices con la final de la Final Four, que vendría a ser como la Champions del fútbol. Después de pasarnos por la piedra al eterno rival culé en semifinales, derrotando al admirado y odiado La Bomba Navarro, las sensaciones eran buenas, como decía uno de mis colegas. Tanto, que ni cortos ni perezosos, nos hicimos una quedada en mi casa con pinchos, pizzas y abundante cerveza bien fría. Incluso me agencié unos benjamines de cava para celebrarlo, en un alarde de optimismo. Así que, desde media tarde, mi casa estaba en ebullición con esas sensaciones de las grandes momentos, esperando la cita de las 9 de la noche, con dos flamantes protagonistas, el Madrid contra los griegos del Olympiacos del Pireo y el temible Spanoulis.

Una bonita tarde, buen rollo, buenos amigos, bonito día de primavera, sol radiante, risas, cervecitas, charleta y todo preparado para vibrar con el espectáculo del basket de máximo nivel. Una pena que no se pusiera la guinda a la tarta. Y eso que todo empezó bien, muy bien, con Alonso ganando en Montmeló y Nadal en Madrid. Buenas vibraciones se comentaba. Había que redondear el asunto en el O2 de Londres.

Y como para que la hostia fuera más grande, el partido empezó con un Madrid jugando como ni hubiéramos imaginado en nuestros sueños más húmedos. Centrados, rápidos y muy acertados. Hasta 17 puntos de ventaja se llegaron a marchar. Lo bordaban. Un puto espejismo. A partir de ahí, los griegos empezaron a carburar, se llevaron el partido a su estilo de juego trabado, físico, apretaron en defensa y además, robaron el acierto a los blancos. Y claro, el puto Spanoulis apareció para acribillarlos después de no mojar en la primera parte, que mal me cae el cabrón. Poco a poco pero sin pausa, le fueron dando la vuelta al partido, con bastante permisividad de los árbitros, en mi opinión, favoreciendo su juego más físico y marrullero. Excusas. Empataron, se pusieron por delante y se fueron, pese a que los Llull, Sergio Rodríguez, Reyes, Mirotic y compañía lo intentaron hasta el último momento. Cuando faltaban dos minutos o así, la cosa ya no tenía mucho remedio y nuestros caretos eran un poema. Subieron alto al principio y dura fue la caída, dura la agonía de esos dos minutos estirados con personales y tiros que se alargaron casi hasta los quince. El cava se quedó en la nevera enfriando para otra ocasión, quizás el próxima año. Las despedidas no fueron tan alegres como las imaginadas y quedamos con las orejas bien gachas, apagada ya la teleboba para no comernos la celebración helena. Unas veces se gana y otras se queda uno con cara de gilipollas. Pero hay que encajarlo. A ver el año que viene. Además, en medio de la debacle, también me enteré de que mi querido Celta tiene ya pié y medio en segunda división. No, no fue una tarde-noche redonda que digamos. Tirando a cuadrada.

Bueno, para sacarme el mal sabor de boca y para no dar más vueltas al asunto que os importará una mierda, si el baloncesto no es lo vuestro, os voy a dejar otra de esas canciones salidas de la sesión aleatoria del iPod mientras conducía, que es como jugar a la ruleta rusa musical y cuyo riff se me ha quedado pegado como el chicle estos días. A veces, entre las más de 10.000 canciones que guarda el chisme, saltan sorpresas de las que ni me acordaba e incluso temas que no tengo ni puta idea de a quién pertenecen hasta que lo miro. No va a ser este el caso, ni mucho menos y además, me va a servir para cambiar esa tendencia un poco lineal de esta sección en las últimas ocasiones, con cancioncitas algo suaves y aterciopeladas. Hoy toca cambio de ritmo.

La que os voy a dejar es un amor de adolescencia, de los trece o catorce años, cuando la descubrí y grabé ese disco en una cinta de cassette, que volví a grabar cuando lo quemé y volví a grabar una y otra vez. Una canción que me fascinaba y me fascina aún hoy en día. Un riff de guitarra de los clásicos, de los míticos, hipnótico, que he escuchado miles de veces, aunque la tenía un poco olvidada.

BLACK SABBATH PARANOID

Un sabor añejo y unos gratos recuerdos de juventud acompañados de la guitarra de Tony Iommi y la voz de Ozzy Osbourne, liderando una banda legendaria como Black Sabbath en sus mejores momentos. A día de hoy me sigue encantando esa poderosa sección rítmica y ese magnífico riff, ideal para escuchar a mucho volumen, oscuro, potente, muy paranoico, pero a la vez muy pegadizo. Un auténtico clásico de los setenta. Con esta joya del pasado de los Black Sabbath titulado Paranoid, que llevo tarareando como de joven durante unos días y con esas pintas fantásticas y de los más retro que se ven en el vídeo, os dejo por hoy. Hasta la próxima.

Black SabbathParanoid
(Paranoid, 1970)

Nos vemos.

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