La Canción del Día [22]

la cancion del dia22Holaquétal, estimados. Aunque no lo parezca, por aquí sigo, al otro lado del aparato. Tengo esto algo abandonado y poco actualizado y ya me gustaría que fuera por andar ocupado en encontrar el mejor sitio para tumbarme al sol, pero va a ser que no es ese el motivo. Hoy paso del parte meteorológico, porque no me quiero repetir. Más cerca estaría pensar que no tengo muchas ganas de escribir y poca cosa que contar, sobre todo cuando no te acompaña la inspiración. Algo hay en mente, pero falla eso, las ganas de ponerme a currármelo. Así que me agarro a esta sección que no me exige tanto, mientras las musas no vuelvan a tocarme con su varita y dejaré alguna chorrada sobre mi día a día, con su toque o relación musical, para rellenar un poco. Más no me pidáis. Todo se andará.

En ese día a día por este mundo, que parece que va patas arriba, me gusta tener algunas rutinas. Una de ellas es pararme a tomar un cafecito en algún bareto de mi barrio, cuando salgo a hacer la compra mañanera. Hasta hace poco, solía frecuentar un café bastante chulo en la zona del Calvario que se llama Urzáiz, después de probar con algunos otros. En zona peatonal, decoración agradable, buen café, simpáticas camareras. Tenía sus peros, como todo. Suele estar bastante lleno de personal y además, le falla la música. Suelen tener en la teleboba ese canal llamado VH1, que me gustaba ver cuando vivía en casa de mi madre, pero normalmente sólo la imagen. Suelo ver desfilar cosas que me gustaría escuchar, imágenes de los Stones, los Zeppelin, U2, Billy Idol, Van Halen, Green Day, Ramones y otros muchos, pero sólo eso. Lo que suena es alguna de esas radios con música que me resulta de infumable para arriba. No podía ser perfecto.

No es mi barrio demasiado variado en lo que a oferta de ocio se refiere. Más bien baretos bastante cutres, o antiguos, de los de paisanos jugando al dominó, o las típicas cafeterías para marujas. Apenas alguna cervecería donde puedas pedir una buena cerveza tostada y no sólo la asquerosa Estrella de Galicia, mientras ves algún partido con los colegas.

También solía visitar uno que no me queda muy lejos, al que llaman Leyenda, que desde fuera no tiene demasiada buena pinta, pero que dentro es bastante agradable y que descubrí buscando vermuth de barril, un delicioso aperitivo al que me aficioné en una inolvidable visita a Madrid, hace unos años. No es excelente como el de la capital, pero está bastante bueno. El local es agradable, con mucha madera y piedra, buenas tapas y ese vermuth. Además, el chaval que atendía el local, Ezequiel, amable pero algo reservado, de los de pocas palabras, digamos, solía pinchar muy buena música. Clásicos del blues y rock y a veces algo más moderno. Me encantaba casi siempre lo que sonaba, temas muchas veces de los que ni me acordaba. Incluso le tengo preguntado lo que sonaba picado por la curiosidad y lo que me sonaba tal o cual canción. Podía estar saboreando el vermuth al ritmo de B. B. King, o de los Stones, de la Velvet e incluso los The Strokes una vez. Como mi economía no es demasiado brillante en estos tiempos, he tenido que ir espaciando cada vez más esas visitas, muchas veces sólo me acercaba por la zona con cualquier excusa, cuando en realidad iba por el vermuth y la música. Pero un buen día volví a caerme por allí, Ezequiel no estaba y no volvería. Había una chica nueva. Seguía el mismo vermuth, el mismo local agradable, las mismas generosas tapas, pero algo fallaba. Sonaba algo parecido a Kiss Fm. De un plumazo, el local había perdido la mitad del encanto y la personalidad, por lo menos para mi. Ya no tengo las mismas ganas de ir. Le comenté al dueño lo de la música y me contestó que hay que poner lo que le gusta a la gente, con una media sonrisa resignada. Pues será eso. No lo dirá por mi.

Sin embargo, el otro día, mientras iba a esa rutinaria compra de fruta y esas cosas necesarias para el día a día, decidí cambiar la rutina y probar en una nueva cafetería que acababan de abrir y que me pilla de camino al Calvario. Se llama Mid Century. Desde fuera tenía un aspecto agradable, luminosa, acogedora y moderna, aunque no me gustan las que están pegadas a la calle, por el ruido del tráfico. Entré a probar suerte y ya me he quedado por allí. El tráfico ni se oye, la decoración es toda sobre músicos de rock de la época de Elvis y va todo de ese rollo. Buen café y brazo de gitano de chocolate, bizcocho y otros dulces caseros. Música rockabilly casi todo el rato, que si bien no es mi favorita, no me molesta. Todo va de tupes y chupas de cuero. Tienen sitio para otras cosas. Hoy mismo, mientras tomaba la dosis de cafeína, sonó entero un disco de Billie Holiday. Hasta estuve haciendo tiempo mientras me deleitaba con la voz de esa insigne dama. La camarera, que debe ser dueña también, es muy agradable, bastante habladora y parece salida de las imágenes en blanco y negro de las groupies del Elvis de los 60. Un bareto que puede gustar o conectar más o menos por su marcado ambiente retro, pero por lo menos con personalidad, original, lo que ya se agradece en un barrio bastante gris y monótono, donde nada se sale de los estándares más sosos y aburridos. Por mi parte, siempre apostaré por el aumento de la oferta y la biodiversidad. Además, tiene la peculiaridad de que, aparte de los diarios y revistas de siempre, dispones del Jueves, esa mítica revista que sale los miércoles. Buenos recuerdos y otro tanto a su favor.

WCGarciaCharlando uno de esos días con ella, parapetado tras mi café, me comentó que tenían pensado hacer pequeñas actuaciones en directo en el local y que este sábado pasado tendrían una. Joder, de puta madre, pensé yo. Le dije que me parecía una gran idea y que si podía, me pasaría, sin duda. Sonaba bien lo de un solista llamado Weycool García que hacía versiones de rock y blues. No me sonaba de nada, pero me lo anoté mentalmente como una posibilidad interesante por si no había plan esa noche.

Llegado ese sábado, con lo de la playa imposible, después de casi 40 km de bici por la senda del agua, de la que ya he hablado aquí, comer a la sombra de un viejo molino con preciosa cascada en Redondela y la vuelta, que me llevó hasta media tarde, una buena ducha y una cena ligera, se me ocurrió que no era mala manera de empezar la noche, dejarme caer por esa actuación en directo. Así que, allí me fui.

Ambiente relajado, poca más de 30 personas, rockabilly a tope sonando, a tope de chupas de cuero, botas militares, zapatos blancos y negros de gamuza, tupes, laca, patillas, vaqueros con vueltas abajo, faldas plisadas, a lunares y floreadas, permanentes de los 60, tatuajes y yo en medio. Bueno, me pedí un café con vodka y nata y esperé con tranquilidad mientras observaba al personal, a que el amigo Weycool empezara su show. Con una camisa rosa con chorreras muy adecuada a la ocasión, alto y delgado, con un acento guiri o algo parecido, hizo acto de presencia y se agarró a su Gibson. Sólo ante el peligro, algo nervioso y acelerado, comenzó con un estilo a lo Jerry Lee Lewis pero con guitarra. El café con vodka estaba muy bueno y me lo acabé en un suspiro, o sea que me pedí una copa de aguardiente de hierbas. La primera parte de su actuación no me gustó demasiado, no por él, sino porque es un estilo que al cabo de dos o tres temas, me cansa. Después de un descanso amenizado por un DJ que puso más rockabilly, que raro, o algo por ese palo, del que no soy muy entendido y mucho baile y movimiento de cadera a lo Elvis Pelvis por parte de los asistentes, la cosa mejoró bastante en la segunda parte, donde se acercó al blues con bastante energía y buen hacer. Aunque seguía nervioso y algo acelerado para mi gusto, al tío se le veía entregado y dándolo todo. Incluso reconocí el único tema de toda la noche, Suzie Q, que versionan la Creedence Clearwater Revival, pero que él hizo en un estilo más de blues primitivo. O dejo un vídeo que me comentó la dueña hoy mismo que habían hecho de la actuación y que acabé encontrando después de mucho buscar en Youtube, porque las imágenes valen más que mil palabras, sobre todo si son mías. Por cierto y antes de que me olvide, el amigo Weycool cerró ese show con tres o cuatro temas con la harmónica a pelo, que fueron bastante espectaculares y que dejaron muy buen sabor de boca. Sólo le faltó un poco más de feeling y gancho con el público y le sobró algo de nervios y aceleración, pero demostró bastante talento en algo tan difícil como actuar en solitario:

Me quedó pena de no haber llevado la cámara para sacar alguna foto o vídeo del evento. Desde mi cómoda posición, sentado en primera línea, había un bonito contraste del artista y las fuentes luminosas de la doble rotonda donde está situado el local. Seguro que alguna habría quedado más o menos bien. Bueno, no me arrepentí de haber ido, todo lo contrario y no descarto el repetir si la ocasión se tercia.

Y como, después de este ladrillo de mi día a día musical que os he encasquetado, toca lo que toca, que es la canción del día, vamos a ello, aunque no tenga nada que ver con el estilo de música del que os he estado hablando por ahí arriba. Otro de esos temas que conozco desde hace tiempo, que siempre me ha encantado y que, sin embargo, me sorprenden en una de mis famosas sesiones aleatorias del iTunes o el iPod, ahora no recuerdo cuál ni cuándo. Empieza a sonar y ya se me mueve el pie y el resto del cuerpo a continuación, alegrándome el día y pegándoseme durante días. Mi alter ego, DJ Krítiko, siempre atento a estos síntomas, me susurra a la oreja que no hay huevos de pincharla en fin de año. Por qué no?, pienso yo. Hay que dar un poco de caña esa noche, que luego los colegas me acusan de blando, vendido y cosas parecidas. O sea que, ya está en la saca de posibles para la última noche del año. Desde luego, si la sesión fuera sólo para mi y un grupo selecto de amigos, habría muchos temas de este tipo. Cañera, machacona, adictiva, energética, con un toque histriónico y mucha pegada. Algo moderno, alternativo y rompepistas. Os dejo con Kasabian, sin más rodeos, que ya he dado muchos y hasta la próxima, que no será mañana, eso seguro:

KasabianStuntman
(Empire, 2006)

Nos vemos.

2 pensamientos en “La Canción del Día [22]

  1. Suena bien lo que cuentas, tanto el día como la velada. Siempre resulta cuanto menos agradable encontrar sitios con encanto y ese algo especial, que te haga sentir a gusto y repetir con cierta asiduidad, ya sea el vermuth, el café irlandés, un buen margarita o los cocktails en general…y si además está aderezado con buena música, quién puede pedir más?

  2. Qué tal, D’Angel?

    Pues sí, suena bien, agradable velada. De las que apetece repetir y me alegra haber descubierto ese local. Les deseo buena suerte en su andadura, tal como anda el patio últimamente para los emprendedores, aunque algunos iluminados vean la luz al final del túnel. Igual nos tenían que contar por dónde, si por el norte, el sur, el este, el oeste o sólo debajo de su cama…

    Nos vemos.

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