Beth Gibbons & Rustin Man – Out of Season

Beth Gibbons & Rustin Man Out of SeasonBeth Gibbons & Rustin ManOut of Season
Go Beat!/Sanctuary, 2002
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Holaquétal, estimados del otro lado. Ahora que le invierno se acerca surcando el frío otoño, me he decidido a atacar una tarea que tenía entre las pendientes, aparcada entre las escasas ideas que guardo para continuar con esto del blog. Una de esas que tenía entre ceja y ceja, que tenía que dejar por aquí por si esta aventura llegara a su fin de muerte más o menos natural con el tiempo, como todo lo que nace ya con fecha de caducidad. No creo que esta sea la última, pero ese momento no hay duda de que llegará. Por ahora, le seguimos dando vida sacando lo mejor del moribundo tarro de las esencias, sacando a la luz uno de los tesoros de mi discoteca, uno de esos discos que guardas como eso que viene a ser lo más parecido al oro en paño que tienes, aunque la tarea de reseñarla para vosotros me haya ido echando para atrás, dándole esquinazo y retrasándolo cada vez que sentía el impulso de hacerlo. El por qué de considerarlo ese tesoro, de pasar su magia y su esencia a palabras, se me antoja bastante complicado para mis capacidades. Bien, llegado el día, quién dijo miedo. Da igual si el artículo es mejor o peor, si a fin de cuentas la intención es la de poner vuestro punto de mira sobre él y que vosotros comprobéis si tiene esa magia y se convierta también en vuestro tesoro. Esa es la idea.

Así que, como siempre, yo dejaré mis chorradas habituales más o menos convincentes y de adorno, pensando en el fondo que la música al final hará el trabajo duro para convenceros. En mi caso fue un trabajo pausado, poco espectacular digamos, pero que acabó calando muy hondo. No era lo que esperaba encontrar indagando e investigando en un grupo de mis predilectos como lo es Portishead y descubrí que Beth Gibbons, su vocalista, había grabado un trabajo en solitario en compañía de un tal Rustin Man, alias bajo el que se oculta Paul Webb, el antiguo bajista de un grupo llamado Talk Talk. Aún estaba por llegar el Third y cualquier noticia o sonido procedente del grupo de Bristol era cuando menos interesante y propicio para la investigación.

No era lo esperado porque la vocalista y su acompañante se desmarcan de ese trip-hop, de esa electrónica marca de la casa y nos ofrecen algo distinto, totalmente alejado y como el nombre del disco nos sugiere, fuera de temporada, fuera de estaciones y ataduras, fuera de las modas, algo que incluso tildaría de atemporal o de otros tiempos. Un disco en el que la verdadera protagonista es la maravillosa voz de la Gibbons, que se erige en la auténtica estrella, apoyándose en unas instrumentaciones clásicas, orgánicas, más tradicionales, minimalistas, tenues y alejadas de las atmósferas de Portishead. Quizás me atrevería a decir que es el conjunto de mejores interpretaciones de esta mujer en su carrera, donde se muestra más versátil y camaleónica, lo que teniendo en cuenta su enorme bagaje, son palabras mayores para esta vocalista que comenzó su carrera haciendo versiones de otra gran e intensa estrella como era Janis Joplin.

Todo el trabajo, con su brillante y equilibrada producción sumada a la magistral y arrolladora interpretación, destila un perfume a aromas clásicos que descoloca en un principio, dejando entrar sin aviso sensaciones melancólicas y otoñales, sentimientos e intensidad que se desbordan desde la primeras notas y una lección magistral en la parte vocal de como mutar y transformarse sin perder nunca esa elegancia, ese saber estar y esa capacidad para conmover que tiene Beth Gibbons. Ya sea desde pinceladas de soul, de pop, jazzfolk, blues impregnados de una suave sicodelia y sabor capturado en otros tiempos y llevados de vuelta a los nuestros, todo queda impregnado de su sutil, íntima y a la vez poderosa manera de cantar todas y cada una de las canciones del disco. Un disco que no busca innovar o sorprender, pero que innova y sorprende desde su magistral uso de la atemporalidad y su conmovedora intensidad sin artificios, como no lo hace ningún grupo de lo más modernos o en boga.

Este Out of Season nos recibe con ‘Mysteries’ y ya nos deja claro el por qué de ese título. Aquí no hay electrónica, no tienen cabida las máquinas y sus sintéticos sonidos. Aquí quedan relegadas, apartadas sin dejar apenas rastro por sonidos más cálidos, más orgánicos y de marcado clasicismo. Tras una espectral introducción, nos sumergimos en un colchón de cuerdas y suaves coros que acompañan la dulce voz de Beth cantando con una delicadeza que invita desde sus pausadas texturas al recogimiento y a la intimidad de un atardecer otoñal. Sencilla, serena, melancólica.

Beth Gibbons & Rustin ManMysteries

Más oscura, apasionada, triste y sofisticada se muestra la que quizás sea mi favorita del disco, ‘Tom the Model’, mezclando esa nocturnidad llena de épico soul y humo de cigarros flotando en el fondo de un club con una potente orquestación que acompaña a un perfecto estribillo. Fascinante.

Beth Gibbons & Rustin ManTom the Model

En ‘Show’ nos volvemos a sorprender al escuchar esta vez la voz quebrada y doliente de Beth sobre un fondo de triste minimalismo compuesto por piano, contrabajo y violín que la arropan en su camino. Delicadeza y fragilidad al borde de la rotura y otra muestra de versatilidad vocal llena de emocionante sentimiento.

Beth Gibbons & Rustin ManShow

Continuamos el camino con ‘Romance’ y su aire cercano a las divas del jazz, mutando, transformando otra vez el tono de su voz en un tema lento y cadencioso, incluso sensual, sin ninguna prisa, acompañado con suaves arreglos e instrumentaciones y unos coros hipnóticos, casi fantasmales, que llenan el ambiente de tristeza y melancolía.

Beth Gibbons & Rustin ManRomance

Con ‘Sand River’ volvemos a la voz más limpia, a la dulzura y la delicadeza, a una vaporosa tristeza impregnada de nostalgia con unos coros que rozan la perfección para dotar de ensoñadora intensidad el tema.

Beth Gibbons & Rustin ManSand River

En ‘Spider Monkey’ nos encaminamos por sendas llenas de niebla, claroscuros y misterio teñidos de cierta sicodelia, con una voz suave, sofisticada y con un leve matiz inquietante. Su sonido nos invita otra vez al recogimiento, a no tener prisa, a captar y saborear los matices y texturas que se esconden en los recovecos de cada canción, en esa brillante y versátil interpretación y en la fascinante compañía de una excelente y cuidada instrumentación que en esta ocasión remata con la melodía de una caja de música.

Beth Gibbons & Rustin ManSpider Monkey

La voz casi desnuda, cercana, presente de Beth, apenas acompañada por una guitarra acústica nos acuna en la corta y escueta ‘Resolve’. Una desnudez vestida de belleza y de una maestría vocal casi íntima. En cada nuevo tema, una nueva faceta.

Beth Gibbons & Rustin ManResolve

En el otra lado de la orilla, mucho menos austera y desnuda nos topamos con ‘Drake’ y ese tenue y elegante arropamiento instrumental que parece de salido de una gran orquesta de jazz con una gran diva al frente, sonando emotiva y doliente, dulcemente apasionada. El sonido de una armónica siempre me hace pensar en antiguas imágenes de otro tiempo, quizás salidas de un gran película como aquella Cowboy de medianoche, mezclando lo entrañable con lo trágico como apenas se puede ver ya más que en los clásicos. No creo que este tema desentonase lo más mínimo.

Beth Gibbons & Rustin ManDrake

Otra de mis favoritas es la maravillosa ‘Funny Time of Year’ y su arrolladora subida desde el ras de suelo a tocar las estrellas, llevada por otra interpretación vocal dulce a la vez que descarnada, repleta de sensibilidad y apasionamiento, apoyada esta vez en un perfecto acompañamientos de los instrumentos y la melodía. Doliente, fúnebre, va escalando intensidad hasta resultar casi abrumadora.

Beth Gibbons & Rustin ManFunny Time of Year

El último y décimo corte de este disco es ‘Rustin Man’, un tema experimental donde prima ese lado electrónico ausente en el resto del trabajo y que para mi gusto es totalmente prescindible. Lo único que aporta es que el disco no sea redondo y se lleve el puto 10 en mi calificación final. No creo que sea algo positivo precisamente.

Hasta aquí este corto, breve y conciso recorrido por Out of Season, que ya sabéis que no gusto del arte de irme por las ramas en mis reseñas. Compartido queda este pequeño tesoro de mi discoteca, donde brillan y suenan joyas llenas de delicadeza, sensibilidad, clase y elegancia, joyas que emocionan y estremecen mientras se deslizan por nuestra cabeza, invitándonos al reposo, al sosiego y el disfrute lejos del mundanal ruido, tomándolas a largos y pausados tragos como los de una buena bebida madurada años en barricas de roble, saboreándola al amor de una buena chimenea. Apreciando ese aire clásico y fuera de temporadas, estaciones y modas, ese buen gusto que se tiene o no se tiene, que no admite imitaciones para reproducir esa magia y ese aura atemporal. Y sobre todo, para apreciar a una vocalista en estado de gracia, a una diva salida de las brumas del pasado y que nos vuelve a cantar como antaño desde nuestros días, enfundada en un ajustado y brillante vestido negro, con largos guantes e igual de largos tacones, labios rojo intenso en su pálido rostro, aferrada al micrófono, fumando y emocionándonos desde el fondo del garito, oculta en la penumbra en la que sólo la acompaña su querida y pequeña orquesta y el humo, los murmullos y el tenue olor del bourbon o el cava flotando en el ambiente. Os lo imagináis mientras suena esa voz? Yo sí.

Nos vemos.

2 pensamientos en “Beth Gibbons & Rustin Man – Out of Season

  1. Con esta fabulosa introducción, nos podemos imaginar perfectamente en ese ambiente bohemio y acogedor, o junto a esa chimenea en la mejor de las compañías, disfrutando de ese rato de buena música y mejor voz, trasladándonos a un tiempo y un espacio, lejos del mundanal ruido…

    Muy buena reseña de un disco que casualmente también tengo como uno de mis escogidos, digamos de cabecera, y que me acompaña junto con otros pocos escogidos, entre ellos el «Roseland NYC Live» de los Portishead, allá donde voy.

  2. Gracias por el comentario como siempre, D’Angel…

    Y gran directo ese Roseland NYC de los Portishead, imperdible para los que sean seguidores del grupo de Bristol, bien apuntado.

    Nos vemos.

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