Whitesnake – Ready an’ Willing

Whitesnake Ready an willingWhitesnakeReady an’ Willing
Sunburst Records, 1980
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Holaquétal, estimados al otro lado. Aquí llamando desde las lluvias eternas y el huracán incesante, perdidos en el noroeste. Justo en medio del camino de todas las borrascas y sin poder apartarse para dejarles paso libre. Después del tercer paraguas hecho mierda he acabado por inclinarme por el gorro de lana y que le den por culo al viento y la lluvia. Nunca me han chistado demasiado pero se impone ir a lo práctico. Además, acabas por verle algunas ventajas. Para un usuario fanático de ir con auriculares por la calle es todo un descubrimiento. Antes el viento me los movía e incluso me los ha arrancado de cuajo de las orejas en alguna ocasión. Ahora van calentitos y bien sujetos bajo el gorro. Quien no se consuela es porque no quiere.

Dejando el parte meteorológico aparte, hoy me apetece hablaros de un disco de los míos. Me lo he pensado un tiempo. Ahí lo tenía en la despensa y no me acababa de decidir si sacarlo a escena o no. No acababa de decidir si el paso de gran cantidad de años sobre él lo había barnizado de un atractivo color añejo o por el contrario, le había dejado caer una capa de cutre pintura trasnochada. Al final he pensado que eso ya lo decidiréis vosotros si os apetece. Lo único seguro es que yo lo sigo visitando de vez en cuando, de lo que se deduce que me sigue gustando a pesar de los años y que además es uno de los primeros vinilos que engrosaron mi colección, si no recuerdo mal. Quizás no el primero, ni el segundo, pero seguro que de los diez primeros.

Tendríamos que bajarnos a mediados de los 80 para situarlo en mi espacio temporal, para llegar al momento en el que los conocí y me hice con ese vinilo. Ya han pasado unos años, como decía antes, desde que sentí esa irresistible necesidad de tenerlo en mi discoteca. Cinta de cassette, vinilo, cedé y mp3, ha pasado por todas las fases posibles. Como para decir que el disco no me gusta a estas alturas. De todas maneras, más de 30 años desde su publicación no los digiere cualquier trabajo, no está al alcance de cualquier disco el permanecer inalterado por todo ese tiempo y seguir sonando igual de fresco, sin que chirríen los oídos. De hay mis dudas. De hay que me de perfecta cuenta de que mi opinión está muy lejos de ser objetiva con un disco que seguro que me acompaña desde hace más de 25 años. Qué sentirá o escuchará alguien ahora, en el 2014, cuando se acerque a este álbum sin haberlo escuchado antes? Eso me gustaría saber, esa es parte de la curiosidad. Desde este lado sólo puedo hablar de él desde mi perspectiva en el asunto, desde el punto de vista de quien habla de un viejo y querido amigo, un viejo amigo que ahí está siempre esperando por mucho que yo a veces lo olvide y lo deje de lado cogiendo polvo en la estantería.

Como ya os he contado más de miles de veces, mis primeros contactos conscientes con eso de la música vinieron de la mano de la gente de mi barrio, de los mayores y de lo que ellos escuchaban. Mucho rock del clásico fue lo que empecé mamando en el final de mi infancia y el paso a la adolescencia. Quisiera o no quisiera, hay estaban los Stones, los Zeppelin, Hendrix, AC/DCJoplin, Santana, ZZ Top, Creedence, Pink Floyd, Black Sabbath y una larga lista de míticos grupos por todos conocidos. Y cómo no, los Deep Purple. Quisiera o no quisiera esa era la banda sonora. Y yo quería, siempre me fue ese rollo. Desde pequeño estaba en mi salsa. Y desde pequeño he seguido por esa senda aplicándome como un buen alumno. Esas influencias primigenias han dejado grabado en mis oídos hasta el día de hoy un cierto gusto nostálgico hacia ese estilo de música que no ha podido borrar el paso del tiempo. Ni yo lo he querido borrar.

Y menciono especialmente a Deep Purple porque de ellos parte el descubrimiento de Whitesnake, el grupo que os traigo hoy. De las disputas, separaciones y fricciones en el seno púrpura, sobre todo entre sus líderes Ritchie Blackmore y Ian Gillan surgió esta serpiente blanca. De hay vino mi curiosidad y posterior investigación que los llevaron a ser una de las formaciones que más escuché durante una buena temporada. También tuvo que ver ese logo del grupo en sus primeros tiempos que siempre me llamó la atención, que siempre me pareció un gran diseño, original como mínimo. Incluso llegué a barajar la hipotética idea de hacerme un tatuaje con ese logo, en una época en que un tatuaje no lo llevaba cualquier gilipollas y tenía algo más de significado o valor que el que le veo ahora. Aunque quedó en eso, un proyecto, una idea, un sueño. Nunca me he llegado a tatuar nada en mi vida y ahora sería lo último que se me ocurriera.

Whitesnake_logo

Como decía, de las convulsiones de la banda madre surgió Whitesnake, allá por el final de los 70 y me voy a centrar en el que es mi disco favorito de la banda, el Ready an’ Willing, aunque tenga un par de discos más en mi colección. Lo grabaron en el 80 y algo que llama la atención en ese momento es la formación de auténtico lujo que se gastaron. Dos reputados guitarras como Micky Moody o Bernie Marsden, un potente y solvente bajista como Neil Murray y dos auténticas joyas de la corona llegadas de Deep Purple como eran el fantástico bateras Ian Paice y el mítico teclados John Lord. Todo ello comandado por un guaperas y excelente vocalista que también estuvo en la nómina de los convulsos Deep Purple como era David Coverdale. Una especie de dream team de la época, si se me permite hacer un símil con el mundo del baloncesto.

De estos ingleses ya os he hablado brevemente en una de las Canciones de Pachi. Ready an’ Willing es, para mi gusto, el punto más alto de su larga carrera, el mejor exponente de lo que era su auténtica personalidad y carácter o cuando menos, la que a mi más me atrajo y convenció. La que quiero pensar que era la real. Una perfecta combinación de hard-rock de aires blues y algo de soul, potente, que sonaba menos seria, más fresca, natural, contagiosa, efectiva, menos compleja o enrevesada que en su banda madre, revestida de cierta elegancia y un toque bastante sensual y cachondo por así decirlo, dirigida por unos excelentes músicos en su estilo y un vocalista que encajaba a la perfección en ese planteamiento añadiendo incluso un cierto tono de soulero desde su garganta al conjunto. Y además, el primer y firme paso hacia el éxito y de paso hacia el declive en mis gustos y preferencias por ellos.

A veces, una imagen vale por mil palabras o cien mil de las mías. Ahí os dejo una instantánea de la banda durante la época en que grabaron y estuvieron de gira con el disco de hoy, cuando todavía mantenían sus señas de identidad, su esencia musical. Luego llegaría el éxito y un doloroso proceso de mutación para un servidor que los seguía y que me llevó a darles carpetazo ya hace muchos años y muchos discos.

whitesnake

La llamada de las sirenas, la llamada del éxito, la llamada del mercado yanky los acabó transformando en muy poco tiempo en los figurines de la imagen de abajo. Melenitas cardadas y olor a laca, poses de malotes ridículos y muchos dólares en vestuario nos indican el camino que siguieron para mi desazón. No sería esto ningún problema a priori, sino fuera que fue acompañada por una total y sonrojante transformación musical a los estándares de yankylandia, abandonando ese hard-rock blusero que era su ADN hacia una especie de AOR empalagoso, comercial y sobreproducido, ñoño y carente de personalidad que, todo hay que decirlo, les trajo mucho éxito y les lleno los bolsillos. Ahí me bajé del carro y por ese aro no estuve dispuesto a pasarme. Un par de discos después colmaron el vaso de mi paciencia y de ahí a lo que sean ahora, confieso que no tengo ni puta idea, ni tampoco el más mínimo interés en saberlo. También conviene destacar que al amigo Coverdale no le siguieron en ese viaje al estrellato ninguno de esos compañeros en este disco y de la primera imagen. Puede que porque no dieran el tipo necesario para las fotos promocionales o porque no les apetecía tanto ese tipo de bajada de pantalones. A tanto no llega mi sabiduría en el tema.

WhiteSnake 1989

Después de esta breve y cáustica introducción para poneros en situación pasaremos, como es costumbre, a desmenuzar este querido Ready an’ Willing, poniéndolo bajo la poco objetiva lupa de mi criterio y dejando a vuestra discreción el si merece o no la pena que haya dejado atrás mis dudas para sacarlo a la palestra. A mi que me quiten ya lo que he bailado con él, porque lo cierto es que mucha candela le he dado en estos años que han pasado en su compañía.

El disco abre juego de manera contundente con ‘Fool for your Loving, el tema que les abrió las puertas a esa aventura al otro lado del charco de la que estábamos hablando, quizás su mayor éxito antes de perder esa identidad. Un tema que huele a clásico casi desde el inicio, con su poderosa y gruesa sección rítmica de base y aroma blusero, el pegadizo riff conductor de las guitarras, los suaves coros, el toque de clase que ponen las teclas del Hammond de Lord y la potente, grave y bonita voz de Coverdale, redondeado en su conjunto por el efectivo estribillo necesario para cualquier single que se precie, dejando un tema que suma potencia y elegancia a la vez.

WhitesnakeFool for your Loving

Cambian el registro en ‘Sweet Talker‘, subiendo revoluciones en un tema con sabor zeppeliano por así decirlo, más acelerado y donde destacan las afiladas guitarras dobladas rockeando a buen ritmo, la omnipresente y brillante sección rítmica, la poderosa voz de Coverdale aguantando el tirón y mostrando su versatilidad en esta faceta más vibrante y un sólo de teclado marca de la casa John Lord. Sobrevuela el recorrido ese toque cachondo, sensual y juguetón que destila todo el disco. Imposible que los pies no sigan el ritmo de la juerga.

Whitesnake – Sweet Talker

El otro single del disco y que a la vez le da título es ‘Ready an’ Willing‘, un medio tiempo que nos deja otro de esos temas que suenan a clásico de los buenos. Cómo no dejarse llevar por ese tono más blues-rock donde mejor se mueven y el toque cachondo y sensual de ese soulero sweet satisfaction que nos canta Coverdale acompañando a un logrado estribillo. Añadimos ese brillante ritmo machacando en la sección rítmica, buenos cambios de velocidad, un efectivo solo y un gran trabajo de las guitarras a la ecuación y ya podemos sacarnos el sombrero de piel de serpiente.

Whitesnake – Ready an’ Willing

Con ‘Carry Your Load‘ bajamos el pistón en cuanto a ritmo e inspiración y nos adentramos con la primera balada tan típica de esos tiempos, casi imprescindibles. Quizás uno de los cortes que menos me convencen de todo el disco. Tiene buenos momentos, pero el resultado final no me parece que lo hayan conseguido redondear del todo. Le falta algo para acabar de explotar, por lo menos para mi gusto.

WhitesnakeCarry Your Load

El caso contrario es ‘Blindman‘, justo en el ecuador del disco, donde sí consiguen una balada brillante siguiendo los cánones marcados por la época. Destaca la interpretación vocal de Coverdale, que aporta el tono emotivo necesario con su privilegiada voz y la épica que añaden coros y teclados, el gran trabajo de Paice en la batería o el sentido solo de guitarra, dejando subir la intensidad de la canción perfectamente sincronizados. Un baladón de libro, que se suele decir.

WhitesnakeBlindman

Llegamos a ‘Ain’t Gonna Cry No More, que muy bien podría ser mi favorita del disco por su diversidad y mayor complejidad para lo que acostumbra el grupo. Comienza sencilla, suave y delicada apoyada en la guitarra acústica y la voz de Coverdale y se va transformando de mano de los tenues teclados, subiendo en intensidad, texturas, cambios de ritmo y decibelios según va avanzando. Los teclados dan paso otra vez a un gran solo de guitarra y a un final emotivo y épico al que se añaden buenos coros. Una de esas joyas escondidas que siempre suelen guardar la mayoría de los discos. En este caso os voy a dejar un vídeo en directo para que os hagáis a la idea del gran nivel que se gastaba el grupo en esos momentos, sin tantas luces y parafernalia como después pero con lo importante, su música, como referente y foco de atención.

Whitesnake – Ain’t Gonna Cry No More

Y que se acerque el final del disco no significa en este caso que lleguemos al relleno o a los minutos de la basura, si se me vuelve a permitir el símil de basket, como en tantas otras ocasiones sucede. El arrastrado, oscuro y sensual blues de ‘Love Man‘ no hace más que mantener el gran nivel y darle variedad al disco. Cargado de ese aire chulesco y cachondo, no oculta por ello otra demostración de estilo de unos grandes músicos, ya sea en la metódica y metronómica sección rítmica, en el característico sonido y ambiente que dan los teclados de Lord sin querer acaparar protagonismo, en el trabajo lleno de matices y texturas de las guitarras o el gran solo de slide-guitar, que hacen del tema un bocado para paladear con tranquilidad.

WhitesnakeLove Man

Ya en la recta final del álbum, el grupo nos hace saltar hasta un pequeño club lleno de seguidores con ‘Black and Blue‘ y nos vuelve a espetar una buena ración de blues de tintes soul pero de más alto octanaje esta vez. Fantástica exhibición de John Lord en el piano que marca el tema invitándonos a participar en la fiesta. Vacilona, pegadiza y marchosa, sin complicaciones, puro hedonismo, siguiendo ese tono cachondo tan particular del grupo que Coverdale sabe explotar de la mejor manera posible.

Whitesnake – Black and Blue

Para cerrar el disco, Whitesnake vuelve a pisar el acelerador y a afilar las guitarras en otro tema muy hard-rockero, ‘She’s a Woman‘, de suave comienzo y que rápidamente se desenfrena con las vocales de Coverdale exprimiéndose al máximo y añadiendo unos espectaculares solos de Lord a los teclados. Otro tema muy zeppeliano, lleno de potencia y velocidad que no hace sino dejarnos buen sabor de boca final.

Whitesnake – She’s a Woman

Hasta aquí este pequeño homenaje a un viejo amigo de viaje, este pequeño resurgimiento del Ready an’ Willing de esos intermitentes olvidos a los que lo someto. Sigo pensando que es un gran disco para los que aún disfrutamos de sabores añejos, de otras maneras de hacer quizás algo anticuadas o trasnochadas, de perdidos momentos de gloria difuminados en la inmensidad del universo musical. Una reunión efímera de grandes músicos de una época dorada para el rock, que me he atrevido a rescatar a pesar de mis dudas y reticencias iniciales. Un disco que me sigue sonando honesto, sencillo y a la vez con la grandeza de un clásico, que guarda aún esa personalidad y el sonido de esos ecos de momentos en mi memoria que ya son la única manera de volver a vivirlos y disfrutarlos. Apenas atesorados en el interior de viejos vinilos guardados con celo durante años como este. Momentos únicos e intransferibles. Lo que sí se puede compartir es su música. Volver a traer esos ecos desde aquel lejano 1980 hasta este 2014 para ver cómo os suena tiene su punto de fascinante. Esa es la idea. Hasta la próxima.

Nos vemos.

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